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No te pierdas este magnífico dossier sobre el Consejo General de la Iglesia en Eduacción (CGIE). Está formado por setenta personas que representan los diversos ámbitos en los que la Iglesia está presente con sus proyectos educativos.

En mayo de 2025 nació el Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE), un espacio de encuentro y trabajo compartido que reúne a representantes de los distintos ámbitos educativos de la Iglesia. Su creación responde a la necesidad de cuidar, coordinar y acompañar una misión educativa que exige continuidad y corresponsabilidad.
El CGIE es fruto de un camino previo de participación eclesial que puso de manifiesto la urgencia de dar estabilidad a un estilo de trabajo compartido. En este sentido, expresa el compromiso de la Iglesia con una educación católica atenta a los retos del presente y del futuro.
Este dossier presenta los primeros pasos con una entrevista a su secretario general, Carlos Esteban, a Alfonso Carrasco Rouco, presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, y Antonio Roura, director del secretariado de esta Comisión.
Continuando con la propuesta de rutinas de pensamiento para aplicar en el área de Religión, abordamos la denominada: Pensar – Conectar (Inquietar) – Explorar
Dispones de todas las rutinas y destrezas de pensamiento publicadas en esta revista cliqueando en el siguiente enlace:
Buscando huevos de pascua para hacer una gimkana con mi alumnado o juegos en distintas estancias y lugares del colegio, me he encontrado con éstos en AMAZON, por si os sirven:
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Nuestro compañero Evaristo Fernández Viejo, sigue elaborando pasatiempos religiosos para cada semana. Cliquea en el siguiente enlace para su descarga:
Está comprimido en un archivo .zip, por lo que deberás descomprimirlo para ver todos los pasatiempos que contiene.
Pablo Coronado Romero tiene 42 años, siete hijos, una tiza en la mano y un móvil que no para. Profesor de Religión con destino en el CEIP Blas de Lezo de Parla, en Madrid, y cofundador de La Missio —iniciativa educativa pensada para el profesorado de Religión, educadores cristianos y catequistas—, lleva años convencido de algo que a muchos todavía les sorprende: la inteligencia artificial y la fe no solo pueden convivir, sino que deben hacerlo. Como presidente de la Asociación de Eventos y Actividades para la Asignatura de Religión, organiza a nivel nacional las Olimpiadas de Religión —las ReliCat Games— y el concurso de pintura ReliCat Paint, presentes ya en Madrid, Málaga, Salamanca y Valladolid. Además, forma a profesores de Religión en diócesis de toda España, enseñándoles a perder el miedo a la gamificación, a los algoritmos y a los asistentes conversacionales.
En esta entrevista, Coronado habla de Carlos Acutis como referente digital de santidad, de Benedicto XVI como primer tuitero papal, y del reto de pescar almas en las redes sociales. Su tesis es clara: quien evangelizó con parábolas junto al lago habría evangelizado hoy con todo lo que tenemos. La pregunta es si nosotros estamos dispuestos a hacerlo.
-¿Cómo crees que la inteligencia artificial puede ser una herramienta para evangelizar y acercar a la gente a la fe, en línea con tu experiencia en la mesa de Nueva Evangelización?
-Jesús utilizaba la tecnología de su tiempo: leía la Sagrada Escritura, hablaba en las sinagogas, desde el templo, desde un barco, desde lo alto de una montaña, en cualquier casa o en mitad de la calle. Usaba los foros de comunicación disponibles. Hoy tendría que hacer lo mismo: hablar desde las redes sociales, el cine, el teatro, el arte. Si no utilizamos esos canales, creo que lo estamos haciendo mal.
Esto no significa abandonar el púlpito, la catequesis o la Sagrada Escritura. Significa añadir las herramientas que la humanidad va generando. Si en la Edad Media no hubiésemos usado el arte de los retablos para enseñar el Antiguo y el Nuevo Testamento a quienes no sabían leer, no habríamos llegado a ellos. Algo similar vale hoy con la inteligencia artificial: sirve para crear imágenes, canciones o pequeños vídeos que transmitan el mensaje de Jesús. Carlos Acutis es el ejemplo más claro: a través de internet y de páginas web enseñó al mundo el amor a la Eucaristía. La tecnología no está reñida con la fe; al contrario, es un instrumento más para transmitirla. Lo que importa es el mensaje y saber utilizarla bien.
-¿Cómo equilibras tu testimonio de fe en las redes sociales y en tu vida diaria, especialmente en un entorno donde la tecnología puede ser un arma de doble filo?
- Dar testimonio en redes es más sencillo de lo que parece. Subir una foto en un Viacrucis, en una procesión, viendo los belenes con los hijos o junto a los Reyes Magos ya es testimonio. Una imagen vale más que mil palabras, y el perfil o el estado de WhatsApp son un escaparate cotidiano. Es algo precioso.
Ahora bien, es un arma de doble filo. Hay quien ve esas fotos y responde con alegría: «qué bonita procesión, yo también estuve allí». Pero también puede llegar alguien que lo considere casposo o retrógrado. A Jesús le pasaba lo mismo: su mensaje era clarísimo y, aun así, unos lo abrazaban y otros lo rechazaban.
Lo importante es la pedagogía: hay que enseñar a utilizar la tecnología. Un cuchillo es una herramienta estupenda para untar mantequilla, pero también puede usarse para hacer daño. Las herramientas en sí no son malas; lo que determina el uso es la persona. Carlos Acutis dio un testimonio digital espléndido, y hay muchos que siguen su estela. Un simple gesto —una foto con un sacerdote al que hacía tiempo que no veías— ya es testimonio, y la gente lo ve.
-¿Qué oportunidades y desafíos ves en la incorporación de la inteligencia artificial en la educación religiosa, y cómo crees que puede ayudar a transmitir la fe a los jóvenes?
-Pongamos un ejemplo concreto: quieres hacer un cartel para un retiro espiritual o para anunciar una catequesis. Con inteligencia artificial puedes elaborarlo de forma más rápida y atractiva que con herramientas convencionales. La IA no sustituye al hombre; es como un secretario al que le pides algo que tú no sabes hacer.
Lo mismo vale para las canciones. Yo he dedicado mucho tiempo a componer villancicos para mis alumnos. Si una aplicación de IA me los genera en minutos, puedo dedicar ese tiempo a corregir, a atender mejor a los padres o a preparar más materiales. Y si la canción no te convence del todo, la vas retocando hasta que encaje.
En catequesis, la IA permite también crear juegos o cromos sobre los santos o el Viacrucis, adaptados exactamente a lo que necesitas. Una editorial te pondría condiciones; la IA te lo hace tal como lo imaginas. Y si en el colegio están trabajando a Picasso, puedes pedirle que genere una Virgen María al estilo de ese pintor. Todo esto llama la atención de los jóvenes. Si ven una iglesia con la puerta cerrada no entrarán; pero un cartel atractivo, un vídeo cercano, un mensaje que diga «Jesús te quiere y puede acompañarte en tus dificultades» puede ser el primer paso.
-¿Cómo crees que la tecnología puede ayudar a fomentar la comunión y la unidad en la Iglesia, especialmente en un mundo cada vez más conectado?
- Tenemos un sacerdote amigo en Brasil y otro en República Dominicana. Con ellos nos escribimos, nos preguntamos cómo va la Semana Santa, cómo están los niños, cómo avanza la catequesis de comunión. Esa comunión no desaparecería del todo sin la tecnología, pero sería infinitamente más pobre. Una videollamada hace que la cercanía sea real, no solo epistolar.
Pensemos en lo que ocurría cuando moría un papa en la antigüedad: en algunos rincones del mundo tardaban un año o dos en enterarse. Hoy el Papa aparece en televisión y le vemos en directo desde cualquier lugar. Estoy convencido de que Jesucristo, de haber venido en nuestro tiempo, habría utilizado todos estos medios, porque en su época ya utilizaba los que tenía a su alcance.
La tecnología también mantuvo la comunión durante la pandemia, cuando no podíamos asistir a misa. Esto no sustituye la vida comunitaria presencial: la fe hay que vivirla en comunidad, darse la paz, comulgar. Pero en los momentos en que no es posible estar juntos, la tecnología nos permite seguir siendo Iglesia. Y el espacio que nosotros no ocupemos en las redes lo ocuparán otros que no llevan el mensaje de Cristo.
-¿Qué estrategias crees que los profesores de Religión pueden utilizar para evangelizar a través de la tecnología, y cómo pueden evitar el riesgo de ser "frikis de Dios"?
-«Friki de Dios» me parece algo hermoso. Significa que tu pasión, tu hobby, está puesto en Dios. Si alguien te lo dice, es por algo, y ese algo es bueno. Que nos llamen frikis de Dios todo lo que quieran.
Dicho esto, las estrategias son múltiples. En clase de Religión puedes pedirle a ChatGPT que elabore una ficha sobre el sacramento del Bautismo para alumnos de sexto de Primaria. Si el resultado no te convence, lo vas ajustando hasta que encaje con tu grupo. Lo mismo con una canción para la adoración eucarística: que tenga poca letra, mucha melodía y unas pocas palabras que ayuden a los chavales a interiorizar el sacramento. La IA te hace un borrador en minutos, tú lo afinas.
¿Quieres un mural con la Virgen María rodeada de niños felices lanzando flores, al estilo de Picasso, porque en el colegio están trabajando ese pintor? Lo generas en segundos. La IA permite crear materiales a medida sin depender de editoriales ni presupuestos. Las herramientas que el Señor nos ha dado están para utilizarlas bien. Bendito sea.
-¿Cómo ves la relación entre la fe y la ciencia en el contexto de la inteligencia artificial, y cómo crees que pueden complementarse mutuamente?
-El mismo Papa ha señalado que la ciencia y la tecnología, mientras se utilicen de forma ética y moral, son buenas. Nobel descubrió la dinamita con intención de utilizarla para el bien; fue el uso posterior el que la pervirtió. La tecnología no es mala; quien la usa para el mal es la persona.
Para mí, el mayor exponente del diálogo entre razón y fe es Benedicto XVI. Allí donde la ciencia no llega, está la fe; pero ambas pueden caminar juntas. Todo lo que vemos en la naturaleza ha sido creado por Dios, de modo que los avances científicos que sirven al bien del ser humano son dignos de bendición. Las transfusiones de sangre, los trasplantes, operar a un bebé en el útero para que pueda seguir con vida: todo eso es ciencia al servicio de la vida, no en contra de la fe.
El límite lo marca la Iglesia, como los padres marcan hasta dónde puede llegar un hijo. El aborto y la eutanasia no son avances científicos; saber técnicamente cómo matar no es progreso. Para eso están los cuidados paliativos y el juramento hipocrático, que obliga a salvar vidas, no a suprimirlas. Mientras la ciencia no deshumanice al hombre, fe y ciencia van de la mano.
-¿Qué tipo de formación y apoyo crees que necesitan los profesores de Religión para abordar adecuadamente la enseñanza de la inteligencia artificial y su relación con la fe?
-El miedo viene del desconocimiento. Cuando no sabes manejar una herramienta, te da respeto incluso cogerla. Por eso la formación es clave, y debe ser práctica: que los delegados diocesanos de enseñanza escojan formadores que sepan llegar a profesores de entre 22 y 65 años, comenzando desde lo más básico. El conocimiento teórico es insuficiente si luego no se puede aterrizar en el aula.
Mis padres tienen 73 y 72 años, son profesores, y siempre se han ido actualizando. Mi padre probablemente sabe más que yo en muchas cosas de tecnología. La edad no es excusa. En un curso reciente en la diócesis de Toledo, profesoras de entre 53 y 63 años hacían canciones con IA por primera vez y decían: «Es que ya la he hecho, no he tardado ni cinco minutos y me gusta». Eso les da autoestima y les quita el miedo.
En cuanto a la relación con la fe, ya existen aplicaciones con referencias basadas en el catecismo y en las encíclicas. Una de ellas, llamada Felipe, funciona a través de WhatsApp: le cuentas que estás desanimado o que has discutido con un familiar, y te ofrece orientación fundamentada en la doctrina católica, supervisada por un sacerdote. No sustituye a la confesión ni al acompañamiento espiritual personal, pero ayuda en un momento concreto. La Biblia comenzó siendo oral, pasó a ser escrita en pergaminos, se convirtió en libro, luego en pintura, en música, en teatro, y hoy está en el móvil. La tecnología acompaña siempre a la Iglesia en su misión.
Quiero agradecerte que hayas contado conmigo. Soy un profesor de Religión que intenta no ser obstáculo para el Señor, sino siervo suyo: en el aula, con los compañeros, en la familia, con los vecinos. A veces siervo inútil, pero siempre intentando poner luz y ser fiel al mensaje de nuestro Señor.
Marta Santín
Carlos Esteban revela a Religión Confidencial que el profesorado de religión está más motivado en su vocación docente que el resto de los profesores. Y lo afirma con datos científicos y con estudios contrastados.
“En 2024 hicimos un estudio que reveló que el 80% de los profesores de religión están muy ilusionados con su tarea educativa o siguen ilusionados a pesar de posibles dificultades”, afirma Esteban. El estudio en cuestión era el EREbarómetro del Observatorio de Religión en la Escuela, del que es director y autor de ese estudio.
Este dato fue un auténtico hallazgo porque contrasta con el estado emocional del profesorado en general, ya que el porcentaje es bastante inferior al 50% según distintos estudios. "Y hay que añadir que de este 50%, un 40% de profesores en general viven su tarea docente con distancia y cierta indiferencia. De este 40%, solo el 1% es de religión", subraya.
A su juicio, estos datos “confirman que el profesorado de religión duplica el ambiente en ilusión educativa al profesorado en general”.
Esta motivación tiene, según explica, un impacto directo en los alumnos: “Esta ilusión se transforma en motivación y en sentido para los estudiantes y esto les hace bien en su formación”.
Asimismo, Esteban considera que las familias son conscientes de esta aportación: “todas las familias son muy conscientes del bien que hace el profesorado de religión en la escuela”.
Sin embargo, a pesar de que tres millones de alumnos, de primaria a bachillerato, eligen religión en toda España, el debate sobre la presencia de la asignatura en la escuela pública sigue vivo en algunos sectores sociales y políticos.
Esteban reconoce que existen propuestas "recurrentes" que abogan por su desaparición, pero las califica de minoritarias: “son propuestas de algunos sectores minoritarios en la sociedad pero con fuerza en medios de comunicación”.
Aun así, advierte del tono creciente de estas iniciativas: “Son propuestas en contra de la clase de religión cada vez más intolerantes y excluyentes y poco inclusivas, ahora que se habla de una escuela que debería ser cada vez más inclusiva y sin embargo, excluimos aquellas cuestiones que no compartimos por creencia. Estas posiciones cuestionan la dignidad personal y profesional de los profesores de religión”.
Carlos Esteban, que lleva toda la vida impulsando y desarrollando la clase de religión, también recuerda que estas iniciativas no solo afectan al profesorado, sino a las familias: “van en contra de la elección que año tras año hacen las familias y los alumnosque van a clase de religión porque creen que mejora su formación integral. Son tres millones de alumnos quienes eligen esta asignatura”.
Pese a ello, asegura que los docentes mantienen su compromiso: “Creo sinceramente que los profes de religión resisten bien estas propuestas excluyentes y un tanto intolerantes”, aunque advierte que “son propuestas injustas porque erosionan, desprestigian y debilitan su desempeño profesional”.
Uno de los argumentos centrales que esgrime Esteban es el respaldo social a la asignatura.“Tres millones de estudiantes desde infantil hasta bachillerato van a clase de religión semanalmente”, señala. De ellos, precisa, “la mitad en centros públicos y la otra mitad en concertados o privados”.
Para el experto, se trata de una mayoría significativa: “Son una mayoría que merece respeto, inclusión y hasta reconocimiento”. Sin embargo, lamenta que “no se percibe ni el respeto ni el reconocimiento en esas propuestas contrarias a la religión”.
Los datos de satisfacción también son positivos. “Hemos preguntado a las familias y los resultados de nuestra investigación revelan que las familias ponen un notable a la clase que reciben sus hijos”, explica.
En cuanto al alumnado, los resultados son similares: “Los alumnos de religión valoran a los profesores por encima de otra materia, y paradójicamente, en la pública más que en la concertada”. Además, añade, “valoran la formación recibida con un notable alto en todas las aportaciones que la religión hace como asignatura”, señala Esteban a RC.
Carlos Esteban está participando estos días en el Foro Europeo sobre la enseñanza de la religión celebrado en Praga, donde se analiza el impacto de la inteligencia artificial en la educación.
“Allí estamos trabajando sobre el impacto de la IA en la educación de niños y jóvenes y en la creación de la cultura de estas nuevas generaciones”, explica. Según sus conclusiones, “no se trata solo de tecnología sino que la IA está haciendo cultura y antropología”.
Por esta razón, el profesor subraya que la inteligencia artificial plantea cuestiones profundas: “va a transformar la autocomprensión de la identidad humana”. Aunque aclara que no existe una visión negativa, sí insiste en la necesidad de reflexión.
Eso sí, advierte de sus límites: “No tiene experiencia ni es humana, no tiene cuerpo y aunque produce razonamiento y conocimiento no tiene conciencia”. Por ello, considera fundamental analizar su impacto en aspectos esenciales como “la libertad, la responsabilidad, las relaciones personales, la afectividad o el sentido de la vida”.
En este contexto, defiende el papel de la educación y, en particular, de la asignatura de religión: “Debemos cuidar y profundizar en el diálogo de la fe con la tecnología y activar el debate ético sobre la IA”.
Todas estas reflexiones estarán presentes en la jornada “La clase de religión cuenta”, organizada por la Fundación Edelvives el próximo 18 de abril en el Espacio Fundación Telefónica.
El encuentro, dirigido a docentes de religión, busca “estimular, inspirar y motivar” a este colectivo. La jornada comenzará con una entrevista al presentador y escritor Christian Gálvez,conocido por programas como Pasapalabra y por su reciente libro sobre la fe. A raíz de un viaje a Jerusalén recuperó la fe que había perdido en su adolescencia y publicó el libro Te he llamado por tu nombre (2024, Suma de Letras),
Posteriormente se celebrará una mesa redonda sobre “La asignatura de Religión en el contexto educativo español actual”, en la que participará el propio Carlos Esteban junto a otros expertos del ámbito educativo.
Uno de los momentos destacados será la intervención de Roser Batlle, referente nacional e internacional en aprendizaje-servicio, que abordará experiencias de “buenas prácticas”.
La jornada contará también con la actuación del cantautor Migueli y se enmarca en la tercera edición de la campaña #LaClasedeReliCuenta, impulsada por la fundación para reivindicar el valor de esta asignatura.
Desde la organización subrayan que la clase de religión “enriquece a los alumnos con valores y conocimiento” y les ayuda “a descubrir a Jesús de Nazaret como referente de vida”, además de fomentar la interioridad y el compromiso social.
El objetivo final del encuentro es reforzar el papel del profesorado y renovar su motivación en un contexto educativo cambiante, marcado tanto por debates ideológicos como por desafíos tecnológicos emergentes.

Película: Los miserables (1978)
Si le interesa ver películas religiosas completas puede visitar el canal "cine religioso"; @cinereligioso9357

Nuestra compañera Miriam Lanau comparte con todos nosotros este magnífico juego de pistas para encontrar los huevos de chocolate que estarán escondidos por distintos lugares del centro educativo.
Ella misma nos lo explica
Soy Miriam, y tras 12 años como profesora de Religión Católica, actualmente desempeño mi labor en el entorno rural, compartiendo mi día a día entre dos CEIP y la realidad multinivel de un CRA. Trabajar en el pueblo me permite aprovechar la cercanía del entorno para que el mensaje del Evangelio se conecte con la vida cotidiana de mis alumnos. Con este objetivo, he diseñado dos dinámicas de juego de pistas y preguntas que transforman los espacios conocidos del colegio en escenarios de búsqueda activa.
Estas actividades, que culminan con la alegría de encontrar unos huevos de chocolate como premio final, se fundamentan en la Resolución de 21 de junio de 2022 y trabajan de forma directa los siguientes elementos curriculares: