La autora Pilar Huerta Román, nos presenta su última obra titulada Teología descalza. Mis reflexiones sobre el Carmelo.
Pilar Huerta, carmelita descalza de Toro, nos ofrece un nuevo libro:
Teología descalza. Mis reflexiones sobre el Carmelo, publicado
por Sal Terrae (Grupo Loyola). No es su primera obra —ya son varios los
títulos con los que ha ido desgranando su experiencia espiritual y su
pasión por la tradición carmelitana—, pero sí es quizá la más madura,
fruto de una larga familiaridad con la Palabra de Dios y con la vida de
oración.
El título ya es toda una declaración:
«Hay en la unión de estas dos palabras, “teología” y “descalza”, algo de
provocador y desafiante, una especie de guiño elegante y certero»,
escribe en la introducción Miguel Márquez Calle, OCD, actual superior
general de los Carmelitas Descalzos. Esa teología no se formula desde la
cátedra, sino desde la vida, con el sabor fresco de lo vivido, como
aquellas «frescas mañanas» de las que hablaba san Juan de la Cruz.
La psicóloga Emilia María Castellano
Herrero, autora del prólogo, sitúa bien el corazón de esta obra: «El
encuentro personal de cada ser humano con la Biblia es siempre un camino
testimonial, plagado de sorpresas y abierto al asombro». Para ella,
este libro se inscribe en ese diálogo profundo entre Dios y la persona,
en el que no se trata solo de hablar de Dios, sino de «vivir en Dios y
con él en medio del corazón».
Lo que encontramos en Teología descalza
es un itinerario espiritual en el que Biblia y tradición carmelitana se
entrelazan con sencillez y hondura. «Se trata de un libro sapiencial y
de formación para vivir, que ayuda a reflexionar, meditar y dejarse
interpelar», dice Miguel Márquez. Pilar consigue que la Escritura
resuene en la experiencia de los místicos del Carmelo y, al mismo
tiempo, en la vida de cada creyente de hoy.
La estructura del libro se despliega en seis capítulos que pueden recorrerse como etapas de un mismo camino:
- La carta a los Hebreos. Una lectura desde sor Isabel de la Trinidad
- «Presentad vuestros cuerpos como hostia viva» (Rom 12,1)
- La “determinada determinación” teresiana
- La aventura del camino: Pablo y Teresa
- El fuego del Amor
- Habrá vida allí donde llegue el torrente
Una obra que no se queda en la teoría,
sino que, como la propia autora, nos invita a dejarnos descalzar por la
Palabra y a responder con amor, humildad y confianza, tal como enseñó
santa Teresa.
(Fuente de esta reseña: https://delaruecaalapluma.com/2025/10/02/teologia-descalza-nuevo-libro-de-pilar-huerta-ocd/)
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Te dejo, a continuación, la Introducción y el prólogo para que puedas leerlo.
Introducción
Hay
en
la unión de estas dos palabras, «teología»
y «descalza», algo de provocador y
desafiante, una especie de guiño elegante y certero, una gracia especial que
sabe a las «frescas mañanas» de las
que hablaba Juan de la Cruz, aquel gran teólogo de la mística, de la
experiencia vital y de la teología poética.
Entre otros, fue Gustavo Gutiérrez el que dijo que la
buena teología empieza siendo silencio, después se hace vida y finalmente se
convierte en palabra, alumbrada en la gestación de ese silencio hecho carne en
la vida.
Por eso, la primera discípula y teóloga fue María, que,
en la escuela de la escucha y el silencio, preñada del misterio palpitante
de Dios en sus entrañas, llevó al Logos, el Verbo de Dios, en su seno y fue Magnificat, palabra auténtica y viva, en
sus labios, siendo ya teología verdadera en su corazón.
Tengo el privilegio de añadir unas pocas palabras
deshilachadas al tejido vivencial y lleno de colores de este nuevo libro de mi
hermana Pilar Huerta Román, carmelita descalza como su teología.
Ella lleva la vocación bíblica bailándole honda en los
adentros del diario discurrir de su vida carmelitana, como historia sagrada
hecha cotidianidad y encuentro, alegría compartida y taller de familia
teresiana.
La reflexión le nace, a Pili, del telar de la vida
ordinaria, en camino con Jesús y en recreación con sus hermanas y amigas, así
como de las muchas horas de silencio, lectura y escritura. Es como una vocación
dentro de la vocación, nacida de la intuición comunitaria, al calor del diálogo
sincero con sus hermanas del monasterio de Toro (Zamora).
Suavemente nos invita Pilar a adentrarnos en la vivencia
apasionante de la Biblia (la carta a los Hebreos, san Pablo, los profetas...),
a la vez que establece una sintonía con la espiritualidad de los místicos del
Carmelo, todos ellos atravesados y dados a luz en la palabra de Dios, en la voz
del Amado.
Se trata de un libro sapiencial y de formación para
vivir, que ayuda a reflexionar, meditar y dejarse interpelar. Narra y
desenvuelve una teología que se ha cosido descalza y cuya clave de lectura
también es la actitud de descalcez.
Hay que descubrir en todo el libro una armonía de fondo y
un tema esencial, dejándonos adentrar en el corazón de la vivencia de la
palabra de Dios. Ella nos centra y ancla en Jesús y nos mete de lleno en su
entrega en la cruz, haciéndonos partícipes de su sacerdocio, para ofrecer
nuestros cuerpos como hostia viva. Esta es la aventura que vivieron Pablo y Teresa,
encendidos en el fuego de ese amor impetuoso y seductor.
Preciosa combinación la que nos ofrece Pilar,
entrelazando las figuras del Carmelo con la reflexión bíblica y aportando una
riqueza vital y urgente para nuestro tiempo, nacida de su propia vivencia y
tejida, a la vez, con sabiduría y sencillez. Es esa riqueza espiritual que se
purifica en la crisis y la transformación continua, que nace de la propia
noche, fragilidad y pobreza que tiembla en la raíz, y a partir de la cual ella
misma se deja reconstruir y ayudar, en un continuo ejercicio de comienzo y de
nacimiento permanente. Eso es lo que da al teólogo la autoridad, al hablar,
descalzo, de una teología vivida.
Cada uno de los temas tratados invita a reflexionar, pero
aún más a meditar y orar, a rumiar tanto la palabra de Dios como la palabra
nacida en el taller de la contemplación, del silencio, de la comunidad y de una
gracia que hace a la autora no solo vivir estas cosas sino también dejarse
atravesar, herir, y a la vez saber expresarlas.
Gracias, querida Pilar, por este nuevo regalo que nos
haces a todos los sedientos lectores. Gracias por alentarnos a auscultar el
latir de Dios, «eterno presente»
(Isabel de la Trinidad), a ser atentos escrutadores de su palabra, para
dejarnos seducir, como Jeremías, y, con la sabiduría de los santos del Carmelo,
atrevernos no a copiarlos sino a hacer de la historia sagrada una aventura
nueva, por estrenar.
Te invito, por tanto, querido lector, a disfrutar de esta
obra, de espiritualidad cristiana desde la mística carmelitana, como quien se
deja introducir en una experiencia viva, palpitante, de la mano de los grandes
maestros del Carmelo (en concreto, Teresa de Jesús e Isabel de la Trinidad),
abordando temas clave como la carta a los Hebreos y la experiencia vital de san
Pablo, puesta en sintonía con la aventura teresiana.
La hermana Pilar nos invita a reestrenar nosotros mismos
esa experiencia que ellos vivieron, dejándonos atravesar por la palabra de
Dios, viva y eficaz, para presentar nuestros cuerpos como hostia viva, santa,
agradable a Dios.
La misión que Isabel de la Trinidad siente como propia
está enraizada en el sacerdocio de Cristo, alianza de Dios con la humanidad.
«Me gusta pensar que la vida del sacerdote (y de la carmelita) es como un
Adviento que prepara la encarnación del Señor en las almas» (carta del 29 de noviembre de 1905). El
sacerdocio de Cristo en obediencia al Padre encuentra en la «alabanza de gloria» de Isabel un sentido encarnado en la vida
de una carmelita y de cada uno de nosotros.
En la escuela de san Pablo y de Teresa de Jesús, nuestra
vida es una experiencia constante de conversión, de transformación y de
comunión con Cristo, vivo y resucitado. La radical entrega a la que nos invitan
nace de la experiencia de un amor que salió a su encuentro, los conquistó y
cambiaría para siempre sus vidas y la de la Iglesia. Este es el desafío y la
interpelación, la provocación constante de los santos, que se actualiza de
forma original en cada época de la historia de la Iglesia, con sorprendente
novedad.
La «determinada determinación» es una expresión teresiana muy genuina y llena de sentido para
nuestro tiempo, tan inconstante y disperso. Conecta con las palabras del papa
León XIV desde el balcón de San Pedro, cuando en su primera intervención,
recién elegido papa, nos invitaba a «una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante». Esa insistencia recoge toda esta reflexión preciosa, al hilo
de la Escritura santa, y nos lanza a la radicalidad del amor humilde que no se
rinde, dejándose renacer constantemente, porque está asentado en la confianza y
en el protagonismo de Jesús en nuestras vidas.
Con el deseo de que la lectura de estas páginas te
descalce el alma, te haga dócil para dejarte atravesar por la gracia y la
sabiduría del Espíritu, te arrope y te revista de la fuerza viva y
transformante que enamoró a Pablo de Tarso, a Teresa de Jesús, a Isabel de la
Trinidad y a los santos de todos los tiempos, te deseo una ¡felizaventura!
MiguelMárquezCalle, OCD
Superior general
Prologo
El encuentro personal de cada ser humano con la Biblia es siempre un
camino testimonial, plagado de sorpresas y abierto al asombro. Es un camino
teológico y teologal, en el sentido más hondo y más íntimo que podamos
imaginar, porque en él laten dos corazones en diálogo continuo: el de Dios y el
de la persona.
Como camino
teológico, el diálogo abierto entre Dios y el ser humano puede enmarcarse
dentro de los parámetros de la teología (de theós, que significa «Dios», y lógos, «estudio» o
«razonamiento»), porque somos nosotros quienes hablamos de él. Y como camino
teologal, ese diálogo se levanta por encima de la filosofía, para convertir el
encuentro íntimo y personal en algo tan simple y complejo como la vida misma.
Aquí ya estamos pisando, como Moisés, la tierra sagrada donde Dios habita, y
esa acción tiene como premisa el «descalzarse», puesto que ya no estaríamos
hablando de Dios o sobre él, sino viviendo en Dios y con él en medio del
corazón (dentro de la existencia).
Teología descalza
no deja de ser un guiño a la espiritualidad del Carmelo de Teresa, donde Jesús
el Señor es el centro de la vida, y la Vida misma de cada ser humano que se
atreve a acercarse y «mirar al que lo mira» (tal como
hizo Moisés ante la zarza ardiendo), para volver a mirarlo de nuevo. No
es una teología de facultad ni de magisterio; es más una vivencia teologal, que
encaja perfectamente con la definición de san Pablo de lo que es ser cristiano:
«Tener los mismos sentimientos de Cristo». Esta definición es el compendio de
la carta a los Filipenses, preciosa introducción a la abundancia del amor de
nuestro Dios, hecho de una altura, anchura y profundidad difícilmente
concebibles.
Este libro, como el resto de los de la
autora, está tejido con un «hilo conductor» que abarca y contiene todos los
matices y todos los temas. Ese hilo es Cristo, la Palabra de Dios hecha carne.
Una Palabra que, siendo la única del Padre, abarca y contiene todas las demás,
que son nuestras y que en esta obra tienen nombre y apellidos.
Estamos inmersos en un mundo donde hablar de Dios es
políticamente incorrecto, y, sin embargo, nunca como ahora se necesita y se
justifica que hablemos de él, nosotros con nosotros mismos y unos con otros.
Porque una cosa es lo que creemos que somos y otra lo que somos realmente. Es
posible que muchos crean que no necesitan de Dios y que la ciencia y la
tecnología lo han sepultado para siempre. Pero otra cosa es lo que en realidad
mostramos con nuestra sequía humana, con nuestra violencia continua, con los
mil y un problemas éticos no resueltos, reconvertidos en gritos y gemidos con
los que la humanidad ruega la lluvia del Espíritu. Y es que nos precede una
historia de miles de años donde incontables mujeres y hombres se han dejado
seducir por Dios, que, descaradamente, los ha seducido primero.
El libro se abre, a
semejanza de un pórtico de la Gloria, con un comentario a la carta a los
Hebreos. Considero que Pilar se ha lanzado con este texto a una piscina de gran
profundidad, en la que parece bucear con competencia y audacia, para dejarnos
ver la inmensa hermosura del significado real del cuerpo de Cristo, verdadero
templo de Dios (sacerdote, víctima y altar), que alcanza y «sella» (imprimiendo
carácter) a todos los bautizados.
Dice Pablo d’Ors que «la
renovación espiritual es la solución a la urgencia fundamental para la Iglesia
hoy», y creo que Pilar deja aquí suficientes pistas como para que cualquier
bautizado entienda el misterio cercano y amable de su bautismo. Ese que,
precisamente, lo capacita para vivir, aquí y ahora, una vida teologal intensa
de fe y esperanza, desde el amor que suscita y reclama mansamente el Jesús del
Evangelio. Somos profetas, reyes y sacerdotes, a un nivel poco explorado por la
pastoral eclesial y, sin embargo, por ahí va la nueva mística cristiana,
que no lo es tanto, porque, como verá el lector, hay quien la ha encarnado con
todo lujo de detalles dentro del Carmelo Descalzo.
El hombre y la mujer
de hoy tienen derecho a conocer la riqueza del patrimonio de su fe y a vivir en
el gozo del Resucitado. Y a esto se ha apuntado la autora, compartiendo con
todos el fruto de su vida, hecha reflexión consciente.
En
la Biblia hay un imperativo categórico que, por otro lado, es inapelable a la
hora de comprender de qué hablamos. Se trata del famoso Šema Israel
(«Escucha, Israel»), que descubrimos en los Evangelios puesto en boca de Jesús
cuando responde a quienes le preguntan cuál es el mandamiento (la ley)
fundamental de Dios y él responde: «El más importante es “Escucha, Israel: el
Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu
prójimo como a ti mismo”» (Lc 10,27).
Cuesta trabajo
encontrar mejor razón para sentarse a leer este nuevo libro de la hermana
Pilar, que puede ayudarnos a mirar y escuchar eso tan importante que Dios
quiere que entendamos.
EmiliaMaríaCastellanoHerrero