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viernes, 2 de enero de 2026

Texto íntegro del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz

Vatican Media.

Redacción REL

Recogemos a continuación el texto íntegro, dado a conocer el pasado 8 de diciembre, del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz, que la Iglesia celebra cada 1 de enero desde 1968, cuando fue establecida por San Pablo VI.

Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz

  • La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”

“¡La paz esté contigo!”

Este antiquísimo saludo, que sigue siendo habitual en muchas culturas, en la tarde de Pascua se llenó de nuevo vigor en labios de Jesús resucitado. «¡La paz esté con ustedes!» ( Jn 20,19.21) es su palabra, que no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad. Por eso, los sucesores de los Apóstoles dan voz cada día y en todo el mundo a la más silenciosa revolución: “¡La paz esté con ustedes!”. Desde la tarde de mi elección como Obispo de Roma he querido incorporar mi saludo en este anuncio coral. Y deseo reafirmarlo: «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente». [1]

La paz de Cristo resucitado

El que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf. Ef 2,14) es el Buen Pastor, que da la vida por el rebaño y que tiene muchas ovejas que no son del redil (cf. Jn 10,11.16): Cristo, nuestra paz. Su presencia, su don, su victoria resplandecen en la perseverancia de muchos testigos, por medio de los cuales la obra de Dios continúa en el mundo, volviéndose incluso más perceptible y luminosa en la oscuridad de los tiempos.

El contraste entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es sólo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado. Con este presentimiento viven los que trabajan por la paz que, en el drama de lo que el Papa Francisco ha definido como “tercera guerra mundial a pedazos”, siguen resistiendo a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche.

Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás». [2]

Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.

Una paz desarmada

Poco antes de ser arrestado, en un momento de gran intimidad, Jesús dijo a los que estaban con Él: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo». E inmediatamente agrega: «¡No se inquieten ni teman!» (Jn 14,27). La turbación y el temor podían referirse, ciertamente, a la violencia que pronto se abatiría sobre Él. Más profundamente, los Evangelios no esconden que lo que desconcertó a los discípulos fue su respuesta no violenta; un camino al que todos, empezando por Pedro, se opusieron, pero en el cual el Maestro pidió que lo siguieran hasta el final. El camino de Jesús sigue siendo motivo de turbación y de temor. Y Él repite con firmeza a quien quisiera defenderlo: «Envaina tu espada» (Jn 18,11; cf. Mt 26,52). La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. La gran parábola del juicio universal invita a todos los cristianos a actuar con misericordia, siendo conscientes de ello (cf. Mt 25,31-46). Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.

Aunque hoy no son pocas las personas de corazón dispuesto a la paz, un gran sentimiento de impotencia las invade ante el curso de los acontecimientos, cada vez más incierto. Ya san Agustín, en efecto, señalaba una paradoja particular: «Es más difícil alabar la paz que poseerla. En efecto, si queremos alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pesamos las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin trabajo alguno». [3]

Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de decir que la paz está cerca. Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública. En la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones. Mucho más allá del principio de legítima defensa, en el plano político dicha lógica de oposición es el dato más actual en una desestabilización planetaria que va asumiendo cada día mayor dramatismo e imprevisibilidad. No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza. «La consecuencia —como ya escribía san Juan XXIII acerca de su tiempo— es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico». [4]

Pues bien, en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial. [5] Por si fuera poco, hoy parece que se quiera responder a los nuevos desafíos, no sólo con el enorme esfuerzo económico para el rearme, sino también con un reajuste de las políticas educativas; en vez de una cultura de la memoria, que preserve la conciencia madurada en el siglo XX y no olvide a sus millones de víctimas, se promueven campañas de comunicación y programas educativos, en escuelas y universidades, así como en los medios de comunicación, que difunden la percepción de amenazas y transmiten una noción meramente armada de defensa y de seguridad.

Sin embargo, «el verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella». [6] Así recomendaba san Agustín que no se destruyeran los puentes ni se insistiera en el registro del reproche, prefiriendo el camino de la escucha y, en cuanto sea posible, el encuentro con las razones de los demás. Hace sesenta años, el Concilio Vaticano II se concluía con la conciencia de un diálogo urgente entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. En particular, la Constitución Gaudium et spes centraba la atención en la evolución de la práctica bélica: «El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad». [7]

Al reiterar el llamamiento de los Padres conciliares y estimando la vía del diálogo como la más eficaz a todos los niveles, constatamos cómo el ulterior avance tecnológico y la aplicación en ámbito militar de las inteligencias artificiales hayan radicalizado la tragedia de los conflictos armados. Incluso se va delineando un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares, con motivo del creciente “delegar” a las máquinas decisiones que afectan la vida y la muerte de personas humanas. Es una espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico sobre el cual se apoya y desde el que se protege cualquier civilización. Es necesario denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección; pero esto no basta, si al mismo tiempo no se fomenta el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico. La Encíclica Fratelli tutti presenta a san Francisco de Asís como ejemplo de este despertar: «En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos». [8] Es una historia que quiere continuar en nosotros, y que requiere que unamos esfuerzos para contribuir recíprocamente a una paz desarmante, una paz que nace de la apertura y de la humildad evangélica.

Una paz desarmante

La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. El misterio de la Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos, comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén. «Paz en la tierra» cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo (cf. Lc 2,13-14). Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente (cf. Hch 2,37). A este respecto, mi venerado Predecesor escribía que «la fragilidad humana tiene el poder de hacernos más lúcidos respecto a lo que permanece o a lo que pasa, a lo que da vida y a lo que provoca muerte. Quizás por eso tendemos con frecuencia a negar los límites y a evadir a las personas frágiles y heridas, que tienen el poder de cuestionar la dirección que hemos tomado, como individuos y como comunidad». [9]

San Juan XXIII introdujo por primera vez la perspectiva de un desarme integral, que sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia. Así escribía en Pacem in terris: «Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. Nos confiamos que es éste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no sólo está dictada por las normas de la recta razón, sino que además es en sí misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes». [10]

Un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente. Hoy vemos cómo esto no se da por supuesto. Lamentablemente, forma cada vez más parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político, bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Los creyentes deben desmentir activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios. Por eso, junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas. En todo el mundo es deseable «que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón». [11] Hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa.

Por otra parte, esto no debe distraer la atención de todos sobre la importancia que tiene la dimensión política. Quienes están llamados a responsabilidades públicas en las sedes más altas y cualificadas, procuren que «se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Examínese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque sólido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos». [12] Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales.

Hoy, la justicia y la dignidad humana están más expuestas que nunca a los desequilibrios de poder entre los más fuertes. ¿Cómo habitar un tiempo de desestabilización y de conflictos liberándose del mal? Es necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas «como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana». [13] Porque, de hecho, «la mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores», [14] a esta estrategia hay que oponer el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala. Ya lo señalaba con claridad León XIII en la Encíclica Rerum novarum: «La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscarse el apoyo de los demás. De las Sagradas Escrituras es esta sentencia: “Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo, pues, si cae, no tendrá quien lo levante!” ( Qo 4,9-10). Y también esta otra: “El hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad fortificada” ( Pr 18,19)». [15]

Que este sea un fruto del Jubileo de la Esperanza, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas: «Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (Is 2,4-5).

Notas

[1] Bendición apostólica “Urbi et Orbi” y primer saludo, Logia central de la Basílica de San Pedro (8 mayo 2025).

[2] S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 3.

[3] Ibíd., 1.

[4] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 60.

[5] Cf. SIPRI Yearbook: Armaments, Disarmament and International Security (2025).

[6] S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 1.

[7] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 80.

[8] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 4.

[9] Id., Carta al Director del “Corriere della Sera” (14 marzo 2025).

[10] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 113.

[11] Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana (17 junio 2025).

[12] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 118.

[13] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 42.

[14] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 15.

[15] León XIII, Carta enc. Rerum novarum (15 mayo 1891), 35.

Fuente: https://www.religionenlibertad.com/vaticano/260101/texto-mensaje-papa-leon-jornada-mundial-paz_115803.html

Cinco momentos que serán noticia en la Iglesia en 2026

El próximo 6 de enero se cierra la última Puerta Santa del Jubileo de la Esperanza. Es el último evento oficial del Año Santo, y con ese rito se da el adiós definitivo al 2025. Terminado, a continuación, el tiempo litúrgico de Navidad, se abre un nuevo año que guarda tantas incógnitas como cabe esperar de lo que está por llegar.

Sin embargo, hay cinco momentos o cinco acontecimientos a los que cabe prestar atención porque, si nada lo impide, guiarán los argumentos informativos en lo que se refiere al devenir de la Iglesia en 2026.

1. El Año Gaudí

Barcelona y especialmente la Basílica de la Sagrada Familia están ya acogiendo uno de los eventos culturales y religiosos más intensos de las últimas décadas: el Año Gaudí, que se enmarca en el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí (Reus, 25 de junio de 1852–Barcelona, 10 de junio de 1926).

Con el apoyo del Ministerio de Cultura, la Generalitat de Cataluña, la administración de la Sagrada Familia, el Ateneu Universitari Sant Pacià y la Archidiócesis de Barcelona han impulsado un programa de actos culturales, educativos y religiosos para proyectar el legado de Gaudí no solo desde lo arquitectónico, sino con una amplia mirada a su trayectoria vital, incluida su dimensión como hombre de profunda fe.

Colocación de la torre de Jesucristo en la Sagrada Familia de Gaudí
Colocación de la torre de Jesucristo en la Sagrada Familia de Gaudí

El 10 de junio está prevista la misa solemne por el centenario del fallecimiento de Gaudí, a quien el papa Francisco declaró venerable el 14 de abril de 2025 y que podría ser beatificado en esta celebración. Aumenta el runrún de una posible visita de León XIV a España para este evento. En todo caso, es un acontecimiento que estará presente a lo largo de todo el año.

2. Las Edades del Hombre en Zamora

Otro evento cultural y religioso de gran impacto es Las Edades del Hombre. Hasta el 5 de abril, la Catedral de El Salvador de Zamora y la Iglesia de San Cipriano acogen la XXVIII edición de esta exposición, titulada ‘EsperanZA’.

Más de 85 piezas, incluidas obras de Velázquez, Berruguete, Picasso, El Greco, Zurbarán, Juan de Juni, Salzillo, Goya y Gargallo dialogan entre sí y resumen el patrimonio artístico no solo de la Iglesia en Castilla y León, sino de toda la península, siguiendo un guión a través de tres momentos: Pasión, Resurrección y Misión.

Entre los proyectos complementarios destaca ‘Oraciones con EsperanZA’, una propuesta diocesana a través de la cual cada semana el obispo, Fernando Valera, reflexiona sobre el amor, la esperanza y el arte.

3. Viajes internacionales de León XIV en 2026

En el vuelo papal de vuelta a Roma al finalizar la visita pastoral a Turquía y el Líbano, el papa León XIV habló con los periodistas de los posibles destinos de sus próximos viajes internacionales. No hay nada confirmado, pero León XIV sí expresó su intención de visitar África: “En cuanto a viajes –insistió– seguro, seguro, no hay nada. Espero viajar a África, será posiblemente el próximo viaje. Está por confirmar”.

El Papa concretó más y deseó “ir a Argelia para visitar los lugares de la vida de san Agustín y para continuar con el discurso del diálogo, de la construcción de puentes entre el mundo cristiano y el musulmán”.

“En cuanto otros posibles países, estamos trabajando en ello –confirmó el mismo Papa–. Evidentemente, me gustaría mucho visitar America Latina, Argentina y Uruguay, que están esperando la visita del Papa. Perú, pienso que también me recibirían. Y entonces, si voy a Perú, también a tantos países vecinos. Pero todo está en proyecto, y el proyecto aún no está definido”.

León XIV
León XIV

¿Y España? Llegan cada vez más rumores, y fundados, sobre un posible viaje de León XIV a nuestro país. Precisamente durante al visita a Turquía, durante un saludo a los periodistas españoles, el Papa aseguró que “podéis tener más que esperanza” sobre un viaje a España, en concreto en junio, para conmemorar el centenario de la muerte de Gaudí en Barcelona. En una entrevista en la COPE, el cardenal José Cobo aseguró que la visita papal es “probable. En estos días, puedo decir que es muy probable que venga a Madrid. Podemos ir calentando motores”. También el obispo de Canarias, José Mazuelos, presente en Roma durante el Jubileo de las Personas Mayores, pudo saludar a León XIV y este le habría manifestado su deseo de visitar Canarias: “Tengo esa esperanza”, habría afirmado el Pontífice.

4. Años Jubilares

En 2026 se cumplen 800 años del comienzo de la construcción de la Catedral de Toledo, y con tal motivo la archidiócesis primada celebrará un Año Jubilar que comenzará en octubre. Como acto central destaca la exposición ‘Primada’, desde el 25 de mayo hasta el 14 de octubre, con 350 obras maestras de El Greco, Velázquez, Zurbarán, Bellini o Luca Giordano, procedentes de distintas partes de España y Europa. Además, el 31 de mayo, también en Toledo, se festejará el primer centenario de la coronación canónica de la imagen de Nuestra Señora del Sagrario.

Otro Año Jubilar extraordinario y mariano es el que preparan la Diócesis de Jaén, el Ayuntamiento de Andújar y los Padres Trinitarios, entre el 4 de octubre de 2026 y el 8 de diciembre de 2027, con motivo del 800º aniversario de la aparición de la Virgen de la Cabeza en Andújar. Como antesala, entre febrero y junio la imagen de la Virgen peregrina recorrerá diferentes localidades de la provincia.

Maqueta táctil de la Catedral de Toledo
Maqueta táctil de la Catedral de Toledo |Ep

Del 23 de abril de 2026 al 23 de abril de 2027, la ciudad de Alcoy, en Alicante, celebrará el Año Jubilar de San Jorge, con motivo de los 750 años de su patronazgo, y acogerá un amplio programa religioso, cultural y festivo.

Hacia finales de año, en diciembre de 2026, se conmemoran dos Centenarios Sanjuanistas: los 300 años de la canonización de san Juan de la Cruz y los 100 años de su proclamación como doctor de la Iglesia. Por ello la Orden del Carmelo Descalzo prepara un Año Jubilar que permita redescubrir la actualidad de este místico español. El Año Jubilar Sanjuanista comenzará el 13 de diciembre en Úbeda (Jaén), y se han designado varios templos jubilares en las diócesis de Jaén, Ávila y Segovia.

Cruzando el charco, la Iglesia en Perú inició, el 10 de diciembre de 2025 y hasta diciembre de 2026, un Año Jubilar para conmemorar los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, el “santo padre de América” y patrono del Episcopado Latinoamericano.

Por último, el 10 de enero, en la Porciúncula (corazón espiritual de la vocación franciscana), tendrá lugar la apertura solemne de las celebraciones por el octavo centenario de la Pascua de san Francisco de Asís. Un acontecimiento de importancia histórica será la primera exposición pública prolongada de los restos mortales del santo, del 22 de febrero al 22 de marzo, en la Basílica de San Francisco en Asís (Italia).

Y una coda: no se ha informado de ninguna celebración específica, pero en 2026 se conmemoran tres fechas clave relacionadas con la Basílica de San Pedro: 520 años del inicio de la construcción (18 de abril de 1506), 400 años de la finalización (18 de noviembre de 1626) y 1.700 años desde la primera consagración solemne del templo original, a cargo del papa Silvestre I (año 326).

5. Efemérides varias

En 2026 lloraremos el primer año de la muerte del papa Francisco, el 21 de abril, y celebraremos el primer aniversario de la elección de León XIV, el 8 de mayo, así como su 71º cumpleaños, el 14 de septiembre.

Festejaremos por primera vez a San Carlo Acutis, el 12 de octubre; san Pier Giorgio Frassati, el 4 de julio; de san José Gregorio Hernández, el 26 de octubre; y de santa Carmen Rendiles, el 9 de mayo.

Hay otras efemérides significativas: en agosto, los 15 años de la JMJ de Madrid; en julio, los 20 años del primer viaje de Benedicto XVI a España, en concreto a Valencia; en septiembre, los 25 años desde los atentados terroristas del 11-S contra Estados Unidos; en marzo y mayo, los 30 años del secuestro y asesinato de los monjes trapenses de Tibhirine durante la guerra civil argelina; en mayo también, los 45 años del atentado contra Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro.

Fuente: https://www.religiondigital.org/espana/cinco-momentos-seran-noticia-iglesia-ano-gaudi-edades-hombre-viajes-papa_1_1438159.html

sábado, 29 de noviembre de 2025

Actividad: tiempos litúrgicos de la Iglesia

Nuestro compañero Manuel Graña Bouzada comparte con todos nosotros este magnífico generador de calendarios

 

 

Actividad: Tiempos litúrgicos de la Iglesia
⛪🌈 Los tiempos litúrgicos de la Iglesia
En la Iglesia tenemos distintos “tiempos” durante el año: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario 📅.
Lee cada pista y marca la opción correcta ✅. Al final verás tu puntuación.
Alumno/a: ________________
❓🕯️🌟✝️ ¿Qué tiempo litúrgico estoy describiendo?
Elige la respuesta correcta. Palabras fáciles para 3º-5º Primaria 😊.
🕯️ 1. Es el tiempo en el que esperamos que nazca Jesús 👶. Encendemos velas moradas y una rosa en una corona especial. Es el comienzo del año litúrgico. ¿Qué tiempo es?
🌟👶 2. Celebramos que Jesús nació en Belén 🎄. Cantamos villancicos, ponemos el Belén, y hablamos de los pastores y de los Reyes Magos ⭐. ¿Qué tiempo litúrgico es?
✝️💜 3. Dura 40 días. Es un tiempo para acercarnos más a Jesús, rezar más 🙏 y hacer cosas buenas. El color es morado 💜 y recordamos que Jesús dio su vida por nosotros. ¿Qué tiempo litúrgico es?
🌅🎉 4. Celebramos que Jesús resucitó, es decir, que venció a la muerte y está vivo ✝️➡️🌅. Es un tiempo de alegría y fiesta. El color es blanco. ¿Qué tiempo litúrgico es?
⏳🌿 5. Es el tiempo más largo del año. No es Navidad ni Pascua ni Cuaresma. Aprendemos poco a poco la vida y las enseñanzas de Jesús 📖. El color es verde 💚. ¿Qué tiempo es?
🕯️⏰ 6. Es un tiempo de espera y preparación. Encendemos cada semana una vela más en la corona. Nos dice: “Jesús viene pronto, abre el corazón”. ¿De qué tiempo hablamos?
🙏🍞 7. Es un tiempo para hacer pequeños sacrificios (por ejemplo, compartir más, dejar peleas, ayudar en casa sin protestar) y hablar más con Dios. Termina con la Semana Santa. ¿Qué tiempo es?
Puntuación: — / —

🛠️ Controles del ejercicio (esto NO sale en el PDF)

Ordena el Año Litúrgico

Nuestro compañero Manuel Graña Bouzada comparte con todos nosotros este magnífico juego sobre el Año Litúrgico  
 

⛪ Ordena el Año Litúrgico ✨

Adviento → Navidad → Cuaresma → Pascua → Tiempo Ordinario

Ponlos en orden. Arrastra o haz clic 👆

🧩1. Pon cada tiempo en su sitio

Instrucciones:
1️⃣ Arrastra al hueco correcto.
👆 O pulsa y salta al primer hueco libre.

Orden correcto: Adviento → Navidad → Cuaresma → Pascua → Tiempo Ordinario

Tarjetas 🔖

Orden 1º → 5º

🏅2. Resultado

Aciertos: 0

Fallos: 0

viernes, 3 de octubre de 2025

El mundo y las gentes de las parábolas y más libros

Te invitamos a apreciar el valor de estos nuevos contenidos, algunos de ellos disponibles también en formato digital.

Agradecemos que compartas esta información con aquellas personas a quienes pueda interesar.



A partir de la historia grecorromana, los estudios judíos del Segundo Templo, la arqueología, el mundo social del Nuevo Testamento, los estudios de parábolas y la floreciente literatura sobre Galilea, El mundo y las gentes de las parábolas describe la vida en la Galilea del siglo i tal como la experimentaban los personajes de las parábolas
de Jesús.

Culpepper construye esta historia a partir de las vidas de los galileos del siglo I que aparecen en las parábolas de Jesús: niños y niñas, madres y padres, viudas, terratenientes, arrendatarios, jornaleros, deudores... Ver más

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El centro de toda la Biblia -y, por tanto, de la entera vida cristiana- lo ocupa Jesús resucitado. Sin su resurrección, el cristianismo se reduciría a una insustancial predicación y los cristianos seríamos ridículos fanáticos de una momia. ¡Pero no! Cada mañana, cada domingo, cada Pascua proclamamos la verdad de nuestra fe con las emocionadas palabras de María de Magdala: ¡Cristo vive, él es nuestro amor y nuestra esperanza!

Con este volumen, los grupos de lectura bíblica quedan invitados a celebrar todo un "año pascual", fijos Ver más

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Las piedras hablan, y la arqueología nos enseña a oír su voz y escuchar lo que nos dicen. La dificultad radica en que esa voz a veces es apenas audible o no tan clara como nos gustaría.

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Está claro que la Biblia no puede ser solo las piedras, pero también lo es que las piedras Ver más

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Un esclarecedor estudio que trasciende lo religioso sobre el empleo de los textos bíblicos con fines políticos. El análisis se centra en cinco contextos políticos claves de la historia moderna, estudiando cómo la Biblia ha sido utilizada de manera diversa y, a menudo, contradictoria.

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martes, 30 de septiembre de 2025

Los tiempos litúrgicos: cuántos son, qué significan y cuáles son los colores que los representan

Hace unos días publiqué una entrada para trabajar de forma cooperativa los tiempos litúrgicos mediante una pequeña Situación de Aprendizaje: 

Ficha de Investigación Cooperativa: Descubriendo los Tiempos Litúrgicos

Para facilitar su puesta en práctica en el aula, ofrezco a continuación la siguiente información sobre los tiempos litúrgicos: 

 

Gerardo Di Fazio

El año litúrgico celebra y renueva la vida de Jesús distribuida a lo largo de todo un año

A menudo escuchamos sobre el año litúrgico y los tiempos litúrgicos de la Iglesia. Pero, ¿estamos seguros de que realmente sabemos qué son? En particular, ¿cuáles y cuántos son los tiempos litúrgicos? ¿Cómo se distinguen? Vale la pena aclarar que es común para casi todas las confesiones Cristianas de occidentes, tanto católicos como reformados. Las Iglesias de Oriente, poseen otro calendario alguno de ellas basados en el calendario Juliano.

¿Por qué creemos que es importante tener las ideas claras al respecto? Porque cada tiempo litúrgico aporta no solo diferentes contenidos teológicos en el contexto de las ceremonias y en la liturgia, sino también en los colores que se utilizarán en las celebraciones, en los pasajes de las Sagradas Escrituras que se leen durante los oficios del culto. Cada tiempo litúrgico requiere una actitud mental diferente por parte del creyente, una predisposición de fe y de corazón que cambia según las fiestas previstas para ese período, el momento de la vida de Jesús o de los santos (para el caso de la Iglesia católica y algunas reformadas y anglicanas) que allí se celebran. Hay un tiempo de espera y un tiempo de realización, y esta afirmación es más cierta que nunca en los ciclos y reciclos del año litúrgico, que se repiten desde hace siglos involucrando a todos los cristianos.

Mientras tanto podemos decir que el año litúrgico celebra y renueva la vida de Jesús distribuida a lo largo de todo un año. El corazón del año litúrgico es el Triduo Pascual, ya que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Para las 34 iglesias que componen el universo católico el año litúrgico comienza con el Adviento y termina con la solemnidad de Cristo Rey, celebrada el trigésimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario, a finales de noviembre.

El año litúrgico se mide en semanas, que incluye el ciclo navideño de Adviento y Navidad, el ciclo pascual con Cuaresma y Pascua, y los 34 domingos del Tiempo Ordinario, y el Santoral que incluye, en cambio, el día dedicados a la memoria de los santos. El año litúrgico representa, además, para todo cristiano un camino durante el cual todo creyente está invitado a hacer propia la experiencia terrenal y espiritual de Jesús, para transformar su vida y hacerla más digna y santa según su modelo.

Tiempos litúrgicos de las Iglesias Católicas, algunas iglesias de la Reforma y muchas de la Comunión Anglicana

Adviento

El Adviento es el tiempo de la espera. Por un lado celebramos la inminente venida de Jesús, en vista de la Navidad; por otro, más ampliamente, se celebra la esperanza de su regreso con el fin de los tiempos (la llamada Parusía, la venida del Señor Jesús glorificado, con poder y gloria). Este tiempo litúrgico dura cuatro semanas. De hecho, comienza cuatro semanas antes de Navidad, aproximadamente entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. En el Rito Ambrosiano hay en cambio seis semanas. El Adviento comienza con las Vísperas del primer domingo y termina con las Vísperas de Navidad del 24 de diciembre y con el inicio del tiempo litúrgico de Navidad. Casi todos los cristianos en los templos utilizan el violeta como color litúrgico.

¿Qué es adviento? Período que señala el comienzo del año litúrgico cristiano y comprende las cuatro semanas anteriores a la Navidad.

Navidad

El tiempo litúrgico de Navidad comienza la tarde del 24 de diciembre, con las vísperas, y termina el domingo siguiente a la Epifanía. Por lo tanto, dura de catorce a veinte días. La Navidad es un tiempo de gran alegría, porque celebra la primera venida de Jesús, que se hizo hombre por amor a todos nosotros.

Tiempo Ordinario 1

El tiempo que sigue a la Epifanía cae dentro del llamado Tiempo Ordinario, es decir, todos aquellos períodos del año litúrgico durante los cuales no se celebran fiestas de especial importancia. Dura treinta y tres semanas, divididas en dos períodos distintos del Tiempo Ordinario: desde el lunes siguiente al domingo del Bautismo de Jesús, o el domingo siguiente a la Epifanía, al inicio de la Cuaresma (Miércoles de Ceniza); después de Pentecostés y hasta el siguiente tiempo de Adviento. El color del Tiempo Ordinario es el verde, durante el Tiempo Ordinario la Iglesia y los fieles se concentran en la lectura y comprensión de los Evangelios, según el ciclo trienal de lecturas establecido por el Leccionario. El ciclo de lectura se identifica por las lecturas A – B – C:

Año A: la mayoría de los textos evangélicos del Evangelio de Mateo.

Año B: La mayoría de los textos evangélicos del Evangelio de Marcos.

Año C: la mayoría de los textos evangélicos del Evangelio de Lucas.

El evangelio según Juan siempre se lee en Pascua y se usa para otros tiempos litúrgicos, como Adviento, Navidad y Cuaresma.

Cuaresma

Dura cuarenta días y precede a la celebración de la Pascua. Comienza el miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo. Hay pues cinco domingos de Cuaresma: el sexto da comienzo a la Semana Santa y lleva el nombre de domingo de Ramos y de la Pasión del Señor. Este tiempo litúrgico recuerda el período de cuarenta días que Jesús pasó en el desierto. Para todas las Iglesias es un período de penitencia, oración y preparación a la Pascua. El color litúrgico de la Cuaresma es el violeta.


Semana Santa

Es la semana anterior a la Pascua y es la más importante del año. En esta semana se sigue a Jesús desde su entrada en Jerusalén (Domingo de Ramos), hasta su arresto, su Pasión, su muerte y sepultura. El Jueves Santo conmemora la Última Cena y abre el solemne Triduo Pascual, tiempo central del año litúrgico, porque en esos tres días Jesús instituyó la Eucaristía y pronunció el mandamiento del amor fraterno. El Viernes Santo conmemora su muerte en la cruz. El Sábado Santo se suspende toda celebración litúrgica, para conmemorar la sepultura de Jesús mientras se prepara la Vigilia Pascual (la noche entre el sábado y el domingo).

Pascua es un período de cincuenta días y dura hasta Pentecostés. Durante todo este tiempo se celebra la alegría de la Resurrección, con una sucesión de ceremonias y fiestas litúrgicas durante todos los domingos del tiempo pascual. Cuarenta días después de la Pascua se celebra la Ascensión de Jesús, que junto con la Pascua y Pentecostés es una de las fiestas más importantes del Calendario Eclesiástico. Es el momento en que Jesús, después de estar muerto y sepultado, ascendió al Cielo. Cincuenta días después de la Pascua celebramos Pentecostés la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles que inició su misión evangélica y el nacimiento de la Iglesia. El color litúrgico es el blanco, rojo para Pentecostés.


Tiempo ordinario 2

El segundo período del Tiempo Ordinario comienza después de Pentecostés. Son tiempos de escucha y contemplación. Los temas cambian a medida que nos acercamos al Adviento. El color litúrgico sigue siendo el verde.

Vestiduras litúrgicas y sus colores

Cada uno de los colores utilizados para las vestiduras de las diversas fiestas tiene un significado preciso, y fueron codificados por testamento de Pablo VI en el Rito Romano en 1969. Los más importantes son cuatro: blanco (Pascua), verde (Tiempo Ordinario), rojo (Domingo de Ramos, Viernes Santo, Pentecostés), violeta (Adviento, Cuaresma, Misas de difuntos).

La gama de colores de las vestiduras litúrgicas de los sacerdotes católicos y de muchos pastores y presbíteros de diversas comunidades cristianas durante las celebraciones religiosas tienen un significado simbólico muy preciso.

El blanco simboliza la alegría y la pureza que proviene de la fe. Es uno de los colores más recurrentes en las vestiduras litúrgicas independientemente del tiempo litúrgico y de la festividad en curso. Está ligada en particular a la adoración de Jesús y a los Oficios de Pascua y Navidad. Simboliza también la resurrección, el Cristo resucitado en la exultación de la Fe.

Después del blanco, el color más utilizado en los oficios dominicales y entre semana, fuera de los días festivos definidos, es el verde, símbolo de esperanza, constancia y escucha perseverante. Acompaña el camino cotidiano.

El color púrpura recuerda la penitencia, la espera y el luto. Se utiliza especialmente durante el Adviento y la Cuaresma. Las vestiduras litúrgicas moradas caracterizan las Misas de difuntos, en las que pueden ser reemplazadas por vestiduras negras


Después del blanco, el color más utilizado en los oficios dominicales y entre semana, fuera de los días festivos definidos, es el verde, símbolo de esperanza, constancia y escucha perseverante (EFE/David Guzmán)

El rojo simboliza la pasión de Cristo y la sangre derramada en el martirio por él y los santos. Por ello se utiliza para las vestiduras litúrgicas del domingo de Ramos, Viernes Santo, Pentecostés, en las celebraciones dedicadas a la Pasión del Señor, en las fiestas de los Apóstoles, evangelistas y santos mártires.

En cuanto a los colores no codificados, el azul se utiliza sobre todo para celebraciones en honor a la Santísima Virgen María, especialmente en países de cultura española o portuguesa, el rosa indica alegría y solemnidad para el III Domingo de Adviento y el IV Domingo de Cuaresma, mientras que finalmente el oro simboliza la realeza y puede sustituir a todos los colores en cada ocasión, aunque suele utilizarse sólo en algunas solemnidades de especial importancia.

Nada está librado al azar y acompaña el ciclo de la vida de un año del calendario civil. Por lo tanto, las fiestas religiosas, muchas veces son festivas o no laborables, para que los fieles puedan disfrutar de estos encuentros con sus seres queridos en la sociedad en la que viven; aunque últimamente, hay una gran desacralización de las festividades religiosas cristianas porque podrían ser motivo de ofensa para algunas minoría en algunos países. Engalanar las calles y plazas con motivos festivos de un culto, como durante la Navidad y la Pascua, puede ser ofensivo para aquellos que no practican ninguna religión y en virtud de varios pedidos se ha solicitado que los estados inviten a los creyentes a manifestar su fe solo en lugares de culto, y no en los públicos. Igual que los elementos decorativos de festividades religiosas que ocupan veredas o calles.

También se ha propuesto desde la Unión Europea cambiar la frase “Feliz Navidad” por “Felices fiestas” o “Felices vacaciones”. Dado que se considera a la palabra de “Navidad” como discriminatoria ya que existen más religiones o cultos en el mundo y en Europa. Aunque Europa posee fuerte raíces cristianas, también fue solicitado que en nombre de la neutralidad religiosa no se utilicen nombres cristianos o típicos de una religión como: Concepción, María, José, Asunta, Jesús, etc… dado que el pronunciar dichos nombres puede resultarle ofensivo a los no cristianos que viven en la comunidad europea. Vale la pena aclarar que este intento de descristianización de Europa no funcionó y la Unión Europea retiró el pliego para ser “mejor estudiado en profundidad”.

Fuente: https://www.infobae.com/sociedad/2023/09/23/los-tiempos-liturgicos-cuantos-son-que-significan-y-cuales-son-los-colores-que-los-representan/ 

 

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