Educar en las virtudes es educar para la vida, es ayudar a cada persona a ser plenamente persona, capaz de vivir con sentido, libertad y responsabilidad.
Educar no es sólo transmitir conocimientos, sino formar personas íntegras y coherentes con los valores del evangelio.
Personas capaces de hacer el bien de manera habitual, incluso en medio
de la dificultad. La prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza
sostienen una vida equilibrada y libre.
Así, la
educación en virtudes transforma la vida personal y social y contribuye a
construir una sociedad más justa, solidaria y verdaderamente humana.