Nuevo
libro de Juan José Tamayo
INVITACIÓN
A LA UTOPÍA
Estudio
histórico para tiempos de crisis
MADRID.
ECLESALIA,
24/09/12.- No corren tiempos propicios para la utopía. Pero quizá
sea esa su característica principal: la de tener que avanzar contra
viento y marea. Calificar a una persona o a un proyecto de utópicos
no es precisamente un piropo. Más bien, todo lo contrario: puede ser
un insulto o, al menos, una crítica. La situación de destierro en
que viven hoy las personas y los proyectos utópicos es muy similar a
la de los poetas en la República de Platón: son expulsados de la
ciudad ideal porque no alcanzan la verdad.
Acaba
de aparecer el nuevo libro de Juan José Tamayo que se propone
intervenir en el actual debate en torno a dos concepciones de la
razón, la utópica y la científico-técnica, con un doble objetivo:
por una parte, rehabilitar
y activar la utopía con sentido crítico y dialéctico en medio de
la oscuridad del presente;
por otra, ponerla al servicio de la emancipación humana y de la
liberación de los pueblos.
Para
ello estudia pormenorizadamente algunos de los hitos más importantes
de la historia de la utopía, de las contrautopías y de las
distopías. Empieza con los principales cultivadores del género
utópico en Grecia: los escritores Homero y Hesíodo, los urbanistas
Hipódamo de Mileto y Faleas de Calcedonia y el filósofo Platón,
considerado el padre de la utopía. No se olvida de sus críticos más
madrugadores y agudos: Aristófanes y Aristóteles. Continúa en la
Edad Media con el análisis de la utopía del milenarismo, de la
Ciudad
de Dios
de Agustín de Hipona y de las Tres
Edades
de Joaquín de Fiore, que ejerció una extraordinaria influencia en
la posterior filosofía de la historia y en los movimientos
revolucionarios modernos.
Presta
especial atención a las creaciones utópicas de Tomás Moro, Tomasso
Campanella y Francis Bacon, las más emblemáticas en el género
literario y analiza en profundidad los problemas que plantean, sobre
todo a la hora de compaginar la comunidad de vida con el respeto a la
individualidad. Profundiza en algunas de las utopías revolucionarias
de la Modernidad: el socialismo utópico, el marxismo y el
anarquismo. En esta historia se incorpora, quizá por primera vez, a
la utopía feminista, que reconstruye en sus momentos estelares desde
la Declaración
de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana
(1791), de Olympia de Gouges hasta El
segundo sexo
(1948), de Simone de Beauvoir, pasando por Vindicación
de los Derechos de la Mujer
(1792), de Mary Wollstonecraft, la Declaración
de Sentimientos
(1848), de Seneca Falls, y la utopía feminista socialista.
El
recurrido histórico se completa con las distopías del siglo XX y
con la más reciente utopía alterglobalizadora de los Foros Sociales
Mundiales concretada en la crítica a la dictadura de los mercados y
en la propuesta de otro
mundo posible,
donde convergen tendencias políticas, corrientes intelectuales y
movimientos emancipatorios de distinto signo. Es, junto con la utopía
feminista, sin duda, una de las aportaciones más significativas de
la obra.
La
historia constituye la
base para la posterior reflexión filosófica y teológica sobre la
utopía. Uno de los capítulos centrales del libro está dedicado a
recuperar el verdadero sentido y significado del término utopía, a
partir de las reflexiones de los pensadores del siglo XX que han
reflexionado sobre el tema desde diferentes enfoques, tanto los que
han elaborado una filosofía de la esperanza, como Bloch, Marcel,
Ricoeur, Kolakowski, Laín Entralgo, entre otros, y una sociología
de la utopía como el clásico y madrugador Karl Mannheim, cuanto los
que han desarrollado una filosofía de la utopía negativa, como
algunos autores de la Escuela de Frankfurt.
Como
teólogo de la liberación y especialista en los estudios bíblicos,
Tamayo dedica un extenso capítulo, sin duda muy logrado dada su
especialidad en el tema, al estudio de la Biblia como enciclopedia de
utopías y contra-utopías, esperanzas y desesperanzas, promesas e
incumplimientos en la Biblia, que tiene la mirada puesta en la tierra
prometida, bajo la inspiración de los teólogos de la esperanza. Le
sirven de guía el teólogo Jürgen Moltmann, el sociólogo Max Weber
y el filósofo Hermann Cohen, quienes destacan la originalidad del
pensamiento hebreo al colocar el desarrollo de la humanidad en el
futuro, mientras que los demás pueblos lo remiten a un pasado
dorado. Es este un capítulo que tiene la impronta de la antropología
bíblica de la esperanza, de la idea de mesianismo y de la concepción
de la existencia como historia.
Tamayo
no desconoce algunas de las principales críticas la utopía, como
las de Popper, Hayek, Günther, Ciran, Himkelammert, etc., sino que
las tiene muy en cuenta y las expone con objetividad y respeto
intelectual. Pero el libro no se queda en la crítica. Ni el tema ni
la orientación del mismo justificarían dicho final, que sería muy
amargo. Tras las críticas, viene un capítulo, el último, dedicado
a la rehabilitación de la utopía, pero no apologética e
ingenuamente, sino con sentido crítico: una utopía no mitificada,
descolonizadora, con intencionalidad ética, en un horizonte laico y
desde la pluralidad de tradiciones emancipatorias.
Con
este libro Tamayo completa con brillantez y rigor histórico,
filosófico y teológico, su trilogía sobre la utopía, cuyas dos
entregas anteriores son: Religión,
razón y esperanza. El pensamiento de Ernst Bloch
(1992), su tesis doctoral en filosofía bajo la dirección del
profesor Carlos Parías, y Para
comprender la escatología cristiana
(32008),
uno de los mejores estudios de la esperanza cristiana en diálogo con
las utopías históricas.
¿Utopía
en tiempos de crisis? Es la pregunta que guía toda la obra. Las
utopías tienen su temporalidad, afirma Ernst Bloch. Es precisamente
en tiempos de crisis cuando los oprimidos expresan su descontento e
indignación, radicalizan su sentido crítico y formulan utopías
movilizadoras de las energías emancipatorias de la humanidad, que
son desarrolladas en sus diferentes géneros literarios: filosófico,
narrativo, poético, ético, ficción, etc. Por eso este libro es una
invitación
a cultivar la utopía,
a seguir escribiendo nuevos relatos utópicos y a pensar la realidad
más allá los límites de lo posible, como sugiere Walt Whitman: "Antes
del alba, subí a las colinas, miré los cielos apretados de
luminarias y le dije a mi espíritu: cuando conozcamos todos estos
mundos y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen,
¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu dijo: No,
ganaremos esas alturas para seguir adelante".