
La disciplina positiva es un enfoque educativo centrado en enseñar a los niños porqué y cómo actuar de manera responsable, no solo qué no deben hacer.
Las aulas actuales son espacios diversos, dinámicos y emocionalmente complejos. En ellas no solo se transmiten conocimientos: se aprenden formas de relacionarse, de resolver conflictos, de respetar al otro y de construir comunidad. Por eso, la gestión de la convivencia se ha convertido en un aspecto central del éxito educativo.
Cada vez resulta más evidente que los modelos basados únicamente en el castigo, la amenaza o la obediencia externa generan sumisión momentánea, pero no educan la responsabilidad ni el compromiso personal. El alumnado necesita comprender el sentido de las normas, sentirse escuchado y participar activamente en la vida del grupo.
En este contexto, la disciplina positiva surge como una respuesta pedagógica eficaz y humanizadora. Especialmente en áreas como Religión Católica, donde se trabajan valores, sentido de comunidad, perdón, respeto y dignidad de la persona, este enfoque encaja de manera natural, ya que promueve una educación integral que une cabeza, corazón y manos: pensar, sentir y actuar con coherencia.
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