Película: Salomé (1953)
La promesa a David
Un día, el profeta Natán anunció al rey David que su casa, es decir, su descendencia ocuparía el trono para siempre. Esta promesa hecha por Dios a David dio la esperanza al pueblo de Israel de que su descendiente instauraría un reino definitivo con capital en Jerusalén. Esta esperanza desembocó en la idea de la llegada del Mesías, que traería la liberación definitiva para el pueblo. Mesías significa ‘ungido’ con aceite. La persona ungida se la consideraba elegida por Dios, por eso David fue ungido por Samuel.
Por eso, cuando Jesús inició su predicación, los judíos se preguntaban si él era el Mesías que esperaban, ellos esperaban que el Mesías fuera fuerte y poderoso como un rey, como lo fue el rey David. Pero Jesús no era así, y por eso muchos judíos no reconocieron a Jesús como el Mesías salvador.
Esto explica que en los evangelios se insista en relacionar a Jesús con David a través de los ascendientes de su padre José y por nacer en Belén, como David.
Para los cristianos, tal como se refleja en los evangelios en numerosas ocasiones, Jesús es el libertador definitivo que Dios le prometió al rey David.
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