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viernes, 13 de febrero de 2026

«Teología descalza», nuevo libro de Pilar Huerta, ocd

 La autora Pilar Huerta Román, nos presenta su última obra titulada Teología descalza. Mis reflexiones sobre el Carmelo. 


 


Pilar Huerta, carmelita descalza de Toro, nos ofrece un nuevo libro: Teología descalza. Mis reflexiones sobre el Carmelo, publicado por Sal Terrae (Grupo Loyola). No es su primera obra —ya son varios los títulos con los que ha ido desgranando su experiencia espiritual y su pasión por la tradición carmelitana—, pero sí es quizá la más madura, fruto de una larga familiaridad con la Palabra de Dios y con la vida de oración.

El título ya es toda una declaración: «Hay en la unión de estas dos palabras, “teología” y “descalza”, algo de provocador y desafiante, una especie de guiño elegante y certero», escribe en la introducción Miguel Márquez Calle, OCD, actual superior general de los Carmelitas Descalzos. Esa teología no se formula desde la cátedra, sino desde la vida, con el sabor fresco de lo vivido, como aquellas «frescas mañanas» de las que hablaba san Juan de la Cruz.

La psicóloga Emilia María Castellano Herrero, autora del prólogo, sitúa bien el corazón de esta obra: «El encuentro personal de cada ser humano con la Biblia es siempre un camino testimonial, plagado de sorpresas y abierto al asombro». Para ella, este libro se inscribe en ese diálogo profundo entre Dios y la persona, en el que no se trata solo de hablar de Dios, sino de «vivir en Dios y con él en medio del corazón».

Lo que encontramos en Teología descalza es un itinerario espiritual en el que Biblia y tradición carmelitana se entrelazan con sencillez y hondura. «Se trata de un libro sapiencial y de formación para vivir, que ayuda a reflexionar, meditar y dejarse interpelar», dice Miguel Márquez. Pilar consigue que la Escritura resuene en la experiencia de los místicos del Carmelo y, al mismo tiempo, en la vida de cada creyente de hoy.

La estructura del libro se despliega en seis capítulos que pueden recorrerse como etapas de un mismo camino:

  1. La carta a los Hebreos. Una lectura desde sor Isabel de la Trinidad
  2. «Presentad vuestros cuerpos como hostia viva» (Rom 12,1)
  3. La “determinada determinación” teresiana
  4. La aventura del camino: Pablo y Teresa
  5. El fuego del Amor
  6. Habrá vida allí donde llegue el torrente

Una obra que no se queda en la teoría, sino que, como la propia autora, nos invita a dejarnos descalzar por la Palabra y a responder con amor, humildad y confianza, tal como enseñó santa Teresa.

(Fuente de esta reseña: https://delaruecaalapluma.com/2025/10/02/teologia-descalza-nuevo-libro-de-pilar-huerta-ocd/) 

Si quieres adquirir el libro, puedes hacerlo a través de la página web de la Editorial en este enlaceen AMAZON: https://amzn.to/4s9xH2P o en tu librería habitual.

Te dejo, a continuación, la Introducción y el prólogo para que puedas leerlo. 

Introducción

Hay en la unión de estas dos palabras, «teología» y «descalza», algo de provocador y desafiante, una especie de guiño elegante y certero, una gracia especial que sabe a las «frescas mañanas» de las que hablaba Juan de la Cruz, aquel gran teólogo de la mística, de la experiencia vital y de la teología poética.

            Entre otros, fue Gustavo Gutiérrez el que dijo que la buena teología empieza siendo silencio, después se hace vida y finalmente se convierte en palabra, alumbrada en la gestación de ese silencio hecho carne en la vida.

            Por eso, la primera discípula y teóloga fue María, que, en la escuela de la escucha y el silencio, preñada del misterio palpitante de Dios en sus entrañas, llevó al Logos, el Verbo de Dios, en su seno y fue Magnificat, palabra auténtica y viva, en sus labios, siendo ya teología verdadera en su corazón.

            Tengo el privilegio de añadir unas pocas palabras deshilachadas al tejido vivencial y lleno de colores de este nuevo libro de mi hermana Pilar Huerta Román, carmelita descalza como su teología.

            Ella lleva la vocación bíblica bailándole honda en los adentros del diario discurrir de su vida carmelitana, como historia sagrada hecha cotidianidad y encuentro, alegría compartida y taller de familia teresiana.

            La reflexión le nace, a Pili, del telar de la vida ordinaria, en camino con Jesús y en recreación con sus hermanas y amigas, así como de las muchas horas de silencio, lectura y escritura. Es como una vocación dentro de la vocación, nacida de la intuición comunitaria, al calor del diálogo sincero con sus hermanas del monasterio de Toro (Zamora).

            Suavemente nos invita Pilar a adentrarnos en la vivencia apasionante de la Biblia (la carta a los Hebreos, san Pablo, los profetas...), a la vez que establece una sintonía con la espiritualidad de los místicos del Carmelo, todos ellos atravesados y dados a luz en la palabra de Dios, en la voz del Amado.

            Se trata de un libro sapiencial y de formación para vivir, que ayuda a reflexionar, meditar y dejarse interpelar. Narra y desenvuelve una teología que se ha cosido descalza y cuya clave de lectura también es la actitud de descalcez.

            Hay que descubrir en todo el libro una armonía de fondo y un tema esencial, dejándonos adentrar en el corazón de la vivencia de la palabra de Dios. Ella nos centra y ancla en Jesús y nos mete de lleno en su entrega en la cruz, haciéndonos partícipes de su sacerdocio, para ofrecer nuestros cuerpos como hostia viva. Esta es la aventura que vivieron Pablo y Teresa, encendidos en el fuego de ese amor impetuoso y seductor.

            Preciosa combinación la que nos ofrece Pilar, entrelazando las figuras del Carmelo con la reflexión bíblica y aportando una riqueza vital y urgente para nuestro tiempo, nacida de su propia vivencia y tejida, a la vez, con sabiduría y sencillez. Es esa riqueza espiritual que se purifica en la crisis y la transformación continua, que nace de la propia noche, fragilidad y pobreza que tiembla en la raíz, y a partir de la cual ella misma se deja reconstruir y ayudar, en un continuo ejercicio de comienzo y de nacimiento permanente. Eso es lo que da al teólogo la autoridad, al hablar, descalzo, de una teología vivida.

            Cada uno de los temas tratados invita a reflexionar, pero aún más a meditar y orar, a rumiar tanto la palabra de Dios como la palabra nacida en el taller de la contemplación, del silencio, de la comunidad y de una gracia que hace a la autora no solo vivir estas cosas sino también dejarse atravesar, herir, y a la vez saber expresarlas.

            Gracias, querida Pilar, por este nuevo regalo que nos haces a todos los sedientos lectores. Gracias por alentarnos a auscultar el latir de Dios, «eterno presente» (Isabel de la Trinidad), a ser atentos escrutadores de su palabra, para dejarnos seducir, como Jeremías, y, con la sabiduría de los santos del Carmelo, atrevernos no a copiarlos sino a hacer de la historia sagrada una aventura nueva, por estrenar.

            Te invito, por tanto, querido lector, a disfrutar de esta obra, de espiritualidad cristiana desde la mística carmelitana, como quien se deja introducir en una experiencia viva, palpitante, de la mano de los grandes maestros del Carmelo (en concreto, Teresa de Jesús e Isabel de la Trinidad), abordando temas clave como la carta a los Hebreos y la experiencia vital de san Pablo, puesta en sintonía con la aventura teresiana.

            La hermana Pilar nos invita a reestrenar nosotros mismos esa experiencia que ellos vivieron, dejándonos atravesar por la palabra de Dios, viva y eficaz, para presentar nuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios.

            La misión que Isabel de la Trinidad siente como propia está enraizada en el sacerdocio de Cristo, alianza de Dios con la humanidad. «Me gusta pensar que la vida del sacerdote (y de la carmelita) es como un Adviento que prepara la encarnación del Señor en las almas» (carta del 29 de noviembre de 1905). El sacerdocio de Cristo en obediencia al Padre encuentra en la «alabanza de gloria» de Isabel un sentido encarnado en la vida de una carmelita y de cada uno de nosotros.

            En la escuela de san Pablo y de Teresa de Jesús, nuestra vida es una experiencia constante de conversión, de transformación y de comunión con Cristo, vivo y resucitado. La radical entrega a la que nos invitan nace de la experiencia de un amor que salió a su encuentro, los conquistó y cambiaría para siempre sus vidas y la de la Iglesia. Este es el desafío y la interpelación, la provocación constante de los santos, que se actualiza de forma original en cada época de la historia de la Iglesia, con sorprendente novedad.

            La «determinada determinación» es una expresión teresiana muy genuina y llena de sentido para nuestro tiempo, tan inconstante y disperso. Conecta con las palabras del papa León XIV desde el balcón de San Pedro, cuando en su primera intervención, recién elegido papa, nos invitaba a «una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante». Esa insistencia recoge toda esta reflexión preciosa, al hilo de la Escritura santa, y nos lanza a la radicalidad del amor humilde que no se rinde, dejándose renacer constantemente, porque está asentado en la confianza y en el protagonismo de Jesús en nuestras vidas.

            Con el deseo de que la lectura de estas páginas te descalce el alma, te haga dócil para dejarte atravesar por la gracia y la sabiduría del Espíritu, te arrope y te revista de la fuerza viva y transformante que enamoró a Pablo de Tarso, a Teresa de Jesús, a Isabel de la Trinidad y a los santos de todos los tiempos, te deseo una ¡felizaventura!

MiguelMárquezCalle, OCD

Superior general

 

Prologo 

El encuentro personal de cada ser humano con la Biblia es siempre un camino testimonial, plagado de sorpresas y abierto al asombro. Es un camino teológico y teologal, en el sentido más hondo y más íntimo que podamos imaginar, porque en él laten dos corazones en diálogo continuo: el de Dios y el de la persona.

            Como camino teológico, el diálogo abierto entre Dios y el ser humano puede enmarcarse dentro de los parámetros de la teología (de theós, que significa «Dios», y lógos, «estudio» o «razonamiento»), porque somos nosotros quienes hablamos de él. Y como camino teologal, ese diálogo se levanta por encima de la filosofía, para convertir el encuentro íntimo y personal en algo tan simple y complejo como la vida misma. Aquí ya estamos pisando, como Moisés, la tierra sagrada donde Dios habita, y esa acción tiene como premisa el «descalzarse», puesto que ya no estaríamos hablando de Dios o sobre él, sino viviendo en Dios y con él en medio del corazón (dentro de la existencia).

            Teología descalza no deja de ser un guiño a la espiritualidad del Carmelo de Teresa, donde Jesús el Señor es el centro de la vida, y la Vida misma de cada ser humano que se atreve a acercarse y «mirar al que lo mira» (tal como hizo Moisés ante la zarza ardiendo), para volver a mirarlo de nuevo. No es una teología de facultad ni de magisterio; es más una vivencia teologal, que encaja perfectamente con la definición de san Pablo de lo que es ser cristiano: «Tener los mismos sentimientos de Cristo». Esta definición es el compendio de la carta a los Filipenses, preciosa introducción a la abundancia del amor de nuestro Dios, hecho de una altura, anchura y profundidad difícilmente concebibles.

            Este libro, como el resto de los de la autora, está tejido con un «hilo conductor» que abarca y contiene todos los matices y todos los temas. Ese hilo es Cristo, la Palabra de Dios hecha carne. Una Palabra que, siendo la única del Padre, abarca y contiene todas las demás, que son nuestras y que en esta obra tienen nombre y apellidos.

            Estamos inmersos en un mundo donde hablar de Dios es políticamente incorrecto, y, sin embargo, nunca como ahora se necesita y se justifica que hablemos de él, nosotros con nosotros mismos y unos con otros. Porque una cosa es lo que creemos que somos y otra lo que somos realmente. Es posible que muchos crean que no necesitan de Dios y que la ciencia y la tecnología lo han sepultado para siempre. Pero otra cosa es lo que en realidad mostramos con nuestra sequía humana, con nuestra violencia continua, con los mil y un problemas éticos no resueltos, reconvertidos en gritos y gemidos con los que la humanidad ruega la lluvia del Espíritu. Y es que nos precede una historia de miles de años donde incontables mujeres y hombres se han dejado seducir por Dios, que, descaradamente, los ha seducido primero.

            El libro se abre, a semejanza de un pórtico de la Gloria, con un comentario a la carta a los Hebreos. Considero que Pilar se ha lanzado con este texto a una piscina de gran profundidad, en la que parece bucear con competencia y audacia, para dejarnos ver la inmensa hermosura del significado real del cuerpo de Cristo, verdadero templo de Dios (sacerdote, víctima y altar), que alcanza y «sella» (imprimiendo carácter) a todos los bautizados.

            Dice Pablo d’Ors que «la renovación espiritual es la solución a la urgencia fundamental para la Iglesia hoy», y creo que Pilar deja aquí suficientes pistas como para que cualquier bautizado entienda el misterio cercano y amable de su bautismo. Ese que, precisamente, lo capacita para vivir, aquí y ahora, una vida teologal intensa de fe y esperanza, desde el amor que suscita y reclama mansamente el Jesús del Evangelio. Somos profetas, reyes y sacerdotes, a un nivel poco explorado por la pastoral eclesial y, sin embargo, por ahí va la nueva mística cristiana, que no lo es tanto, porque, como verá el lector, hay quien la ha encarnado con todo lujo de detalles dentro del Carmelo Descalzo.

            El hombre y la mujer de hoy tienen derecho a conocer la riqueza del patrimonio de su fe y a vivir en el gozo del Resucitado. Y a esto se ha apuntado la autora, compartiendo con todos el fruto de su vida, hecha reflexión consciente.

            En la Biblia hay un imperativo categórico que, por otro lado, es inapelable a la hora de comprender de qué hablamos. Se trata del famoso Šema Israel («Escucha, Israel»), que descubrimos en los Evangelios puesto en boca de Jesús cuando responde a quienes le preguntan cuál es el mandamiento (la ley) fundamental de Dios y él responde: «El más importante es “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”» (Lc 10,27).

            Cuesta trabajo encontrar mejor razón para sentarse a leer este nuevo libro de la hermana Pilar, que puede ayudarnos a mirar y escuchar eso tan importante que Dios quiere que entendamos.

EmiliaMaríaCastellanoHerrero

 

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