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Novedades en Religión y Escuela
domingo, 4 de enero de 2026
Crucigramas para repasar la Navidad - Tercer Ciclo
Crucigramas para repasar la Navidad - Segundo Ciclo
Nuestro compañero Manuel Graña Bouzada comparte con todos nosotros estos juegos que pueden ser un gran recurso para repasar la navidad.
Crucigramas para repasar la Navidad - Primer Ciclo
Otros crucigramas:
2026-01-11 Pasatiempos Religiosos para esta semana
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Pasatiempos Religiosos para esta semana
Está comprimido en un archivo .zip, por lo que deberás descomprimirlo para ver todos los pasatiempos que contiene.viernes, 2 de enero de 2026
León XIV visitará España el próximo junio: Madrid, Barcelona y Santiago, destinos confirmados
A. Mateu
Quince años después de la visita de Benedicto XVIa España —que tuvo lugar en agosto de 2011 con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud— nuestro país recibirá nuevamente la visita apostólica de un Sumo Pontífice.
Según ha podido confirmar Libertad Digital, el papa León XIV visitará España el próximo mes de junio, y hasta la fecha se prevé que su itinerario incluya Barcelona, en coincidencia con el aniversario del fallecimiento de Antonio Gaudí, y Madrid, donde presidirá una solemne celebración eucarística multitudinaria (la última, celebrada por Benedicto XVI, congregó a más de un millón de personas). Y aunque el próximo Año Santo compostelano está previsto para 2027, el programa contempla también una visita a Santiago de Compostela, siguiendo la tradición de sus predecesores, san Juan Pablo II(1982 y 1989) y Benedicto XVI (2010).

La agenda definitiva de la visita permanece abierta y existe la posibilidad de incorporar otras ciudades españolas en torno a efemérides relevantes, como Toledo, cuya Catedral Primada celebra en 2026 su octavo centenario, o Salamanca, que conmemora el quinto centenario de la incorporación de Francisco de Vitoria a la Escuela de Salamanca. Asimismo, Ávila, Segovia y Úbeda (Jaén) son consideradas en virtud del tercer centenario de la canonización y el primer centenario de la proclamación de San Juan de la Cruz como Doctor de la Iglesia. De igual modo, se conmemora el jubileo de Santo Toribio de Mogrovejo, santo vinculado a Mayorga (Valladolid)y a Perú, donde el Papa León XIV ejerció durante años su ministerio pastoral y donde Mogrovejo es patrón de los obispos de Latinoamérica.
Cabe señalar que no será la primera ocasión en que el actual Pontífice visite España: previamente, como superior general de la Orden de San Agustín, recorrió diversas ciudades incluyendo Madrid, el monasterio de Nuestra Señora de Gracia en Madrigal de las Altas Torres (Ávila), Málaga, Sevilla, Bilbao, Valladolid, Palencia, León y Ávila, donde en septiembre de 2024, ya como cardenal y prefecto del Dicasterio para los Obispos, visitó la casa natal de Santa Teresa de Jesús, actualmente basílica de La Santa, donde dejó constancia de su presencia en el libro de firmas bajo la rúbrica: "Robert Cardinal Prevost, Vaticano".
Cabe recordar que el día de la misa de la proclamación de León XIV el 18 de mayo, Felipe VIle transmitió a León XIV que "esperaba verle pronto por España", una petición que también le hizo el alcalde de Madrid, el pasado 29 de diciembre, y que se hará realidad el próximo mes de junio.
Así fueron las visitas de San Juan Pablo II y Benedicto XVI a España

San Juan Pablo II fue el primer Papa en visitar España, que visitó en cinco ocasiones. La primera, del 31 de octubre al 9 de noviembre de 1982, bajo el lema "Testigos de Esperanza", le llevó 18 ciudades, entre ellas Madrid, Ávila, Salamanca, Toledo, Sevilla, Granada, Zaragoza, Montserrat, Barcelona, Valencia y Santiago de Compostela, donde concluyó su periplo. En su segunda visita, el 10 de octubre de 1984, se desplazó únicamente a Zaragoza, donde dirigió un mensaje especial a las familias de misioneros en América antes de partir hacia República Dominicana y Puerto Rico. Su tercera visita, entre el 19 y el 21 de agosto de 1989, lo llevó a Santiago de Compostela, donde presidió la IV Jornada Mundial de la Juventud y realizó la tradicional peregrinación simbólica a la catedral. Posteriormente, viajó a Oviedo acompañado por el entonces príncipe de Asturias.

Su cuarto viaje, del 12 al 17 de junio de 1993, incluyó la clausura del 45 Congreso Eucarístico Internacional en Sevilla; visitas al santuario del Rocío, el Monasterio de la Rábida, Moguer, Palos de la Frontera y la consagración de la catedral de la Almudena en Madrid, donde canonizó a Enrique Ossó. En su quinto y último viaje, los días 3 y 4 de mayo de 2003, presidió un encuentro con jóvenes y canonizó a cinco santos españoles en Madrid.

Por su parte, Benedicto XVI realizó tres visitas apostólicas a España: la primera en Valencia, en 2006, para clausurar el V Encuentro Mundial de las Familias; la segunda en 2010, con etapas en Santiago de Compostela y Barcelona —donde consagró la Sagrada Familia—; y la tercera en agosto de 2011, para presidir los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud, a la que acudieron más de un millón de jóvenes procedentes de 197 países.
Año Jubilar Diocesano: 300 aniversario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo
El Año Jubilar de la Santidad, concedido por La Santa Sede a la Archidiócesis de Valladolid, es un año de gracia para la Iglesia vallisoletana cuya celebración en 2026 se enmarca en el tercer centenario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo.
Santo Toribio de Mogrovejo, nacido en Mayorga en 1538, fue el segundo Arzobispo de Lima y el gran unificador y organizador de la Iglesia en Perú, donde falleció en 1606. Fue canonizado por el Papa Benedicto XIII el 10 de diciembre de 1726.
La celebración de este Año Jubilar en la Archidiócesis de Valladolid supone una oportunidad para desarrollar la vocación común a la santidad que promueve la Iglesia Católica, tomando como ejemplo el testimonio de Santo Toribio de Mogrovejo. Para ello, se ha diseñado una programación espiritual y religiosa que, combinada también con otras propuestas académicas, artísticas, culturales, históricas y sociales, ayudará a acercar la figura de Santo Toribio de Mogrovejo, su vida como ejemplo de santidad en nuestros días y su espíritu misionero al conjunto de la ciudadanía.
Además, durante este Año Jubilar de la Santidad los fieles podrán obtener la indulgencia plenaria en el templo decretado como jubilar para este período.
Fecha de apertura
Sábado, 3 de enero de 2026.
Fecha de clausura
Jueves, 10 de diciembre de 2026, coincidiendo con el 300 aniversario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo.
Templo jubilar
Ermita de Santo Toribio de Mogrovejo (Mayorga).
Durante el Año Jubilar todos los sábados, a las 18:00 horas, se celebrará la Misa del Peregrino en este templo, donde permanecerá expuesta para su veneración la reliquia del hueso de una pierna de Santo Toribio de Mogrovejo.
En esta Ermita, que permanecerá abierta todos los sábados, Día del Peregrino durante este Año Jubilar, se conservan dos imágenes de Santo Toribio de Mogrovejo —una de ellas, junto a Santa Rosa de Lima, a la que administró el sacramento de la Confirmación durante una de sus extensas visitas pastorales como arzobispo—, un grabado en piedra y un cuadro que representan distintos episodios de su vida.
Cómo obtener la indulgencia plenaria
La indulgencia plenaria se podrá obtener del 3 de enero al 10 de diciembre de 2026 en la Ermita de Santo Toribio de Mogrovejo, en Mayorga, con las siguientes condiciones:
Rincón Jubilar
Durante el Año Jubilar de la Santidad permanecerá habilitado en Mayorga el ‘Rincón Jubilar’, en el Centro Cívico Modesto Lafuente, desde donde se podrán concertar también visitas guiadas a la Iglesia Parroquial de El Salvador y peregrinaciones para grupos a la Ermita de Santo Toribio de Mogrovejo.
Más información y reservas: 983 752 027
Programación
Enero 2026
Misa de apertura del Año Jubilar de la Santidad, presidida por el Arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE, don Luis Argüello. Será retransmitida a través del canal de YouTube de la Archidiócesis: @IglesiaenValladolid
Inauguración del cartel del tercer centenario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo
Fuegos artificiales
Inauguración del ‘Rincón Jubilar’
Inauguración de la exposición ‘Una imagen, un recuerdo’
Febrero 2026
Taller ‘Recuerdos del Ayer’
Taller ‘Recuerdos del Ayer’
Miércoles de Ceniza
Taller ‘Recuerdos del Ayer’
Bingo temático sobre Santo Toribio de Mogrovejo
Plantación del árbol del tener centenario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo. Al finaliza, Misa del Peregrino
Marzo 2026
Retiro espiritual
Charla espiritual ‘La caridad de Santo Toribio’
Conferencia ‘Santo Toribio, reflejo de espiritualidad’
Abril 2026
Encuentro de colegios. Visita turística y celebración de la Eucaristía en la Ermita de Santo Toribio de Mogrovejo
Hermanamiento con Zaña (Perú), lugar de fallecimiento de Santo Toribio de Mogrovejo y donde también se está celebrando un año jubilar con motivo del tercer centenario de su canonización
Jubileo de los Jóvenes
Procesión extraordinaria por el barrio de Las Delicias con la imagen y la reliquia de Santo Toribio de Mogrovejo, que serán trasladadas desde Mayorga hasta Valladolid. Salida a las 11:00h. desde la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Carmen
A su llegada a la Parroquia de Santo Toribio de Mogrovejo, aproximadamente a las 13:00h., Misa en honor al Santo presidida por el Arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE, don Luis Argüello
Conferencia sobre el ‘Libro de Visitas’ de Santo Toribio de Mogrovejo
Vísperas en honor a Santo Toribio de Mogrovejo
Misa Solemne con motivo de la festividad de Santo Toribio de Mogrovejo
Vísperas y procesión de la imagen y la reliquia del Santo por su festividad
Logotipo
Está diseñado para un tiempo específico. Tiene una vida de un año, puesto que va a ser empleado para el Año Jubilar de la Santidad.
Se han empleado el amarillo, un color bastante llamativo, y su complementario, el azul, para conseguir así que resalte el azul sobre el amarillo.
La idea inicial para el fondo del logotipo era la de representar una puerta que conectara Mayorga (España) con Lima (Perú), evocando así lo que fue la vida de Santo Toribio de Mogrovejo. Finalmente, esa conexión se ha logrado integrando distintos elementos y arcos en punta que, a la vista, se asemejan al mismo tiempo a una puerta y a la mitra arzobispal.
Sobre el fondo, a una única tinta en color azul, al igual que el texto que acompaña a la imagen, la silueta de Santo Toribio de Mogrovejo sosteniendo un libro y la cruz patriarcal. Y el “300”, aludiendo al tercer centenario de su canonización, integrado en el fondo, creando un juego visual con colores blancos y amarillos.
Cartel
Logotipo y cartel representan la misma idea. Cambian la composición y la imagen de Santo Toribio de Mogrovejo, que aquí aparece en primer plano en blanco y negro con detalles en dorado que sirven, como color corporativo, para enlazarlo con el logotipo.
La franja azul del fondo tiene bastante contenido. Se ha creado una composición de imágenes que relatan el carácter misionero del Santo. En este sentido, en la parte superior de esta franja se han integrado partes del mapa de Perú y una sandalia. Junto a estos elementos, una roca con tres chorros de agua, representando así uno de los milagros atribuidos a Santo Toribio de Mogrovejo, cuando durante uno de sus viajes golpeó el suelo con su báculo haciendo que manara agua para aliviar la sequía.
El texto que aparece integrado en la franja blanca del fondo pertenece a la primera hoja del catecismo trilingüe de Santo Toribio de Mogrovejo, una obra fundamental para la evangelización de Hispanoamérica.
Aparecen también otros elementos, como el tintero, la pluma y la cruz patriarcal.
Texto íntegro del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz
Vatican Media.

Recogemos a continuación el texto íntegro, dado a conocer el pasado 8 de diciembre, del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz, que la Iglesia celebra cada 1 de enero desde 1968, cuando fue establecida por San Pablo VI.
Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz
- La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”
“¡La paz esté contigo!”
Este antiquísimo saludo, que sigue siendo habitual en muchas culturas, en la tarde de Pascua se llenó de nuevo vigor en labios de Jesús resucitado. «¡La paz esté con ustedes!» ( Jn 20,19.21) es su palabra, que no sólo desea, sino que realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad. Por eso, los sucesores de los Apóstoles dan voz cada día y en todo el mundo a la más silenciosa revolución: “¡La paz esté con ustedes!”. Desde la tarde de mi elección como Obispo de Roma he querido incorporar mi saludo en este anuncio coral. Y deseo reafirmarlo: «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente». [1]
La paz de Cristo resucitado
El que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf. Ef 2,14) es el Buen Pastor, que da la vida por el rebaño y que tiene muchas ovejas que no son del redil (cf. Jn 10,11.16): Cristo, nuestra paz. Su presencia, su don, su victoria resplandecen en la perseverancia de muchos testigos, por medio de los cuales la obra de Dios continúa en el mundo, volviéndose incluso más perceptible y luminosa en la oscuridad de los tiempos.
El contraste entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es sólo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado. Con este presentimiento viven los que trabajan por la paz que, en el drama de lo que el Papa Francisco ha definido como “tercera guerra mundial a pedazos”, siguen resistiendo a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche.
Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás». [2]
Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.
Una paz desarmada
Poco antes de ser arrestado, en un momento de gran intimidad, Jesús dijo a los que estaban con Él: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo». E inmediatamente agrega: «¡No se inquieten ni teman!» (Jn 14,27). La turbación y el temor podían referirse, ciertamente, a la violencia que pronto se abatiría sobre Él. Más profundamente, los Evangelios no esconden que lo que desconcertó a los discípulos fue su respuesta no violenta; un camino al que todos, empezando por Pedro, se opusieron, pero en el cual el Maestro pidió que lo siguieran hasta el final. El camino de Jesús sigue siendo motivo de turbación y de temor. Y Él repite con firmeza a quien quisiera defenderlo: «Envaina tu espada» (Jn 18,11; cf. Mt 26,52). La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. La gran parábola del juicio universal invita a todos los cristianos a actuar con misericordia, siendo conscientes de ello (cf. Mt 25,31-46). Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.
Aunque hoy no son pocas las personas de corazón dispuesto a la paz, un gran sentimiento de impotencia las invade ante el curso de los acontecimientos, cada vez más incierto. Ya san Agustín, en efecto, señalaba una paradoja particular: «Es más difícil alabar la paz que poseerla. En efecto, si queremos alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pesamos las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin trabajo alguno». [3]
Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de decir que la paz está cerca. Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública. En la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones. Mucho más allá del principio de legítima defensa, en el plano político dicha lógica de oposición es el dato más actual en una desestabilización planetaria que va asumiendo cada día mayor dramatismo e imprevisibilidad. No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza. «La consecuencia —como ya escribía san Juan XXIII acerca de su tiempo— es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio bélico». [4]
Pues bien, en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial. [5] Por si fuera poco, hoy parece que se quiera responder a los nuevos desafíos, no sólo con el enorme esfuerzo económico para el rearme, sino también con un reajuste de las políticas educativas; en vez de una cultura de la memoria, que preserve la conciencia madurada en el siglo XX y no olvide a sus millones de víctimas, se promueven campañas de comunicación y programas educativos, en escuelas y universidades, así como en los medios de comunicación, que difunden la percepción de amenazas y transmiten una noción meramente armada de defensa y de seguridad.
Sin embargo, «el verdadero amante de la paz ama también a los enemigos de ella». [6] Así recomendaba san Agustín que no se destruyeran los puentes ni se insistiera en el registro del reproche, prefiriendo el camino de la escucha y, en cuanto sea posible, el encuentro con las razones de los demás. Hace sesenta años, el Concilio Vaticano II se concluía con la conciencia de un diálogo urgente entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. En particular, la Constitución Gaudium et spes centraba la atención en la evolución de la práctica bélica: «El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad». [7]
Al reiterar el llamamiento de los Padres conciliares y estimando la vía del diálogo como la más eficaz a todos los niveles, constatamos cómo el ulterior avance tecnológico y la aplicación en ámbito militar de las inteligencias artificiales hayan radicalizado la tragedia de los conflictos armados. Incluso se va delineando un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares, con motivo del creciente “delegar” a las máquinas decisiones que afectan la vida y la muerte de personas humanas. Es una espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico sobre el cual se apoya y desde el que se protege cualquier civilización. Es necesario denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección; pero esto no basta, si al mismo tiempo no se fomenta el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico. La Encíclica Fratelli tutti presenta a san Francisco de Asís como ejemplo de este despertar: «En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos». [8] Es una historia que quiere continuar en nosotros, y que requiere que unamos esfuerzos para contribuir recíprocamente a una paz desarmante, una paz que nace de la apertura y de la humildad evangélica.
Una paz desarmante
La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. El misterio de la Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos, comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén. «Paz en la tierra» cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios sin defensas, del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo (cf. Lc 2,13-14). Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente (cf. Hch 2,37). A este respecto, mi venerado Predecesor escribía que «la fragilidad humana tiene el poder de hacernos más lúcidos respecto a lo que permanece o a lo que pasa, a lo que da vida y a lo que provoca muerte. Quizás por eso tendemos con frecuencia a negar los límites y a evadir a las personas frágiles y heridas, que tienen el poder de cuestionar la dirección que hemos tomado, como individuos y como comunidad». [9]
San Juan XXIII introdujo por primera vez la perspectiva de un desarme integral, que sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia. Así escribía en Pacem in terris: «Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducción de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca. Nos confiamos que es éste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no sólo está dictada por las normas de la recta razón, sino que además es en sí misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes». [10]
Un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente. Hoy vemos cómo esto no se da por supuesto. Lamentablemente, forma cada vez más parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político, bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Los creyentes deben desmentir activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios. Por eso, junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas. En todo el mundo es deseable «que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón». [11] Hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa.
Por otra parte, esto no debe distraer la atención de todos sobre la importancia que tiene la dimensión política. Quienes están llamados a responsabilidades públicas en las sedes más altas y cualificadas, procuren que «se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Examínese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque sólido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos». [12] Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales.
Hoy, la justicia y la dignidad humana están más expuestas que nunca a los desequilibrios de poder entre los más fuertes. ¿Cómo habitar un tiempo de desestabilización y de conflictos liberándose del mal? Es necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas «como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana». [13] Porque, de hecho, «la mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores», [14] a esta estrategia hay que oponer el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala. Ya lo señalaba con claridad León XIII en la Encíclica Rerum novarum: «La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscarse el apoyo de los demás. De las Sagradas Escrituras es esta sentencia: “Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo, pues, si cae, no tendrá quien lo levante!” ( Qo 4,9-10). Y también esta otra: “El hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad fortificada” ( Pr 18,19)». [15]
Que este sea un fruto del Jubileo de la Esperanza, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas: «Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (Is 2,4-5).
Notas
[1] Bendición apostólica “Urbi et Orbi” y primer saludo, Logia central de la Basílica de San Pedro (8 mayo 2025).
[2] S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 3.
[3] Ibíd., 1.
[4] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 60.
[5] Cf. SIPRI Yearbook: Armaments, Disarmament and International Security (2025).
[6] S. Agustín de Hipona, Sermón 357, 1.
[7] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 80.
[8] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 4.
[9] Id., Carta al Director del “Corriere della Sera” (14 marzo 2025).
[10] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 113.
[11] Discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana (17 junio 2025).
[12] S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 118.
[13] Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 42.
[14] Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 15.
[15] León XIII, Carta enc. Rerum novarum (15 mayo 1891), 35.



















