Religión y Escuela

jueves, 29 de octubre de 2026

Primeros Premios Stella 2026: una constelación educativa

 

La primera edición de los Premios Stella, celebrada el 28 de octubre en el Aula Magna de la Universidad Pontificia de Salamanca, puso de manifiesto la diversidad, vitalidad y riqueza de la misión educativa de la Iglesia en España. Impulsados por el Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE), estos galardones nacen con la vocación de reconocer experiencias, trayectorias e instituciones que contribuyen a una educación centrada en la persona, la inclusión y la esperanza.

La ceremonia estuvo marcada por un clima de emoción y gratitud, pero también por el recuerdo de las víctimas del accidente ferroviario de Urda, presente desde el inicio del acto. Fue una noche en la que los reconocimientos convivieron con una convicción compartida por todos los asistentes desde un ambiente de eclesial educar es cuidar, acompañar y abrir horizontes de esperanza

El nombre de los premios no es casual. La estrella, símbolo de orientación y esperanza, sirvió de inspiración para una gala que quiso presentar la educación católica como una gran constelación formada por personas e instituciones que, desde ámbitos muy diversos, comparten una misma misión. En este sentido, los Premios Stella nacen para descubrir y dar visibilidad a experiencias capaces de inspirar nuevos caminos. Sus nueve categorías representan los distintos ámbitos del CGIE y dibujan una amplia red de colegios, universidades, centros de Educación Especial y Formación Profesional, docentes, familias, parroquias, proyectos culturales y espacios deportivos comprometidos con la tarea educativa.

Durante su intervención, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, subrayó la necesidad de fortalecer una educación capaz de acompañar a las nuevas generaciones en un tiempo marcado por profundas transformaciones culturales. Por su parte, el rector de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santiago García-Jalón, destacó el papel decisivo de las instituciones educativas como espacios de encuentro, diálogo y crecimiento humano.

Uno de los discursos más significativos fue el pronunciado por José Manuel Carrasco, quien definió la educación católica como una auténtica práctica de comunión. Según explicó, la escuela, la universidad o la parroquia están llamadas a convertirse en comunidades donde las personas aprenden a razonar, escuchar, dialogar y asumir responsabilidades. «La verdad y la comunicación de la verdad son un signo de caridad», afirmó, antes de agradecer expresamente la dedicación de tantos educadores que entregan cada día lo mejor de sí mismos al servicio de los demás. «A quien sigue entregando sus mejores energías y pone su corazón en educar y cuidar, muchas gracias», expresó.

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