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martes, 10 de noviembre de 2009

¡Qué bonito es trabajar en Infantil!

Corre por la Red este mail que reproduzco literalmente. Aconsejo tomárselo con humor ya que se acerca demasiado a la realidad. Y después de todo... el profesorado vuelve alegre al día siguiente, con ilusión y ganas de trabajar. Éso es vocación. O como decía otro mail: "si a un médico se le agolparan 25 pacientes a los que atender de una vez, cada uno con sus dolencias y enfermedades a tratar, unos pocos que no quieren ser atendidos, otros que le da igual porque no se van a tomar la medicación... y entre tanto, padres y madres que quieren que sus hijos-as se curen de repente. Entonces sabrían cómo se siente un profesor-a."

Esto es para los que piensan que las maestras de infantil no hacemos nada, y para las que sufrimos cada día situaciones como esta.



 
Esto lo ha escrito un maestro de infantil de 3 años...es la realidad de como afrontamos los principios de curso..bueno y el resto...va sobre como lleva lo de la gripe A y otras cosillas, besos a tod@s compaler@s.
Yo también intenté llevar a cabo las medidas sanitarias recomendadas. Pero tengo una clase de 3 años y voy a narrar 10 minutos de lo que ocurrió el viernes pasado, de 11 a 11 y 10 de la mañana en mi aula.
Digo a mi alumnado que vamos a desayunar y antes iremos al baño para hacer pipí. Salimos del aula y hay dos wáter para niñas y dos para niños con lo que hasta que todos hicieron pipí... Bueno, no sé si todos porque es imposible controlar a estas edades. La idea era que cuando fuésemos a desayunar no se levantaran para ir al baño. Después de bajar y subir pantalones, faldas, bragas y calzoncillos durante un rato, mientras los que habían terminados corrían por los pasillos, tres se fueron corriendo al patio, uno quería hacer caca y me pedía que no me fuera mientras los otros seguían corriendo y los del patio continuaban perdidos, y varios ya estaban en la clase haciendo no sé qué, más otros que no querían hacer pipí y se quedaron en ella y como son los primeros días aún no me obedecen y no pude traer a todos, y confío en la providencia y en que todo a ninguno le ocurrirá nada. Uffffffffff. Por fin todos en el aula. Le digo que antes de desayunar debemos lavarnos las manos. Comienzan a venir un grupito que alucinan con el jabón que les administro. Se van lavando las manos de aquella manera. Algunos (tienen 2 ó 3 años) dejan sus manos quietas bajo el agua flipando con el chorro de frescura transparente. Comienzo a lavar manos, impidiendo su autonomía, a una velocidad de 5 manos por segundo, porque veo que muchos comienzan a coger sus mochilas, sacar sus bocadillos y dejarlas en el suelo, en una mesa o sabe Dios donde. Y luego no sé de quién es cada cosa. Cuando voy por la mano número 12 mientras mis ojos intentan controlar al resto, ya no sé quién se ha lavado y quién no. Mi invade un sentimiento de culpa. Dice el protocolo que lavarse las manos bien requiere de un minuto de tiempo o el equivalente a cantar Cumpleaños feliz dos veces. (pa cumpleaños que estaba yo).
El objetivo ahora es abrir mochila, zumos, batidos, bollitos y bocadillos, a toda velocidad, mientras intento controlar dónde se sienta cada uno, que nadie se levante, que se lo coman todo, que guarden lo que sobra en la mochila, mientras limpio lo que se derrama (Coño, por qué los danap tienen el culo tan pequeño que se derrama una media de 3 cada día),... Maestro me estoy haciendo caca me dice un chico que no controla bien y amenaza haciéndoselo encima. Dejos las mil preocupaciones de control del resto del alumnado y me voy rápido al wáter. Dejo al resto solo mientras que acompaño al, ¡coño!ya se lo ha hecho encima. Ahora se me plantea un dilema. Llamo a la madre para que lo cambie? Es decir voy a dirección en busca del teléfono, busco su número, llamo, espero que la madre o el padre esté en casa y venga, mientras que dejo al niños con la autoestima por los suelos y la mierda en el culo, en el pasillo, o le doy un tirón al pantalón y con una toallita limpio aquello a gran velocidad porque el resto de los compañeros ya llevan 3 minutos solos. Bueno, 5 ó 6 ya están por los pasillos corriendo. Otros han venido porque no soportan aún estar sin mi presencia...
El caso es que cuando vuelvo al aula me encuentro con las mesas llenas de bocadillos con un sólo bocado dado, con zumos enteros y batidos sin tomar. La mayoría jugando sin control y yo no sé de quién es nada de lo que hay. Otra vez la culpa rondándome. El día anterior me preguntaban si sus hijos habían comido todo y no sabía qué responder. Otra vez a pasar vergüenza. Intento indagar de quién es cada cosa pero a los tres años se vuelven sordos para algunas cosas y no consigo aclararme. etc. etc. etc.
Ah, en estos diez minutos se me ha olvidado lavarme las manos como indica el protocolo, pero no voy a poder estar el minuto necesario para que todos los virus desaparezcan, porque dos niños se pegan por un juguete, una alumna llora porque se ha acordado de su mamá y es la hora del recreo y tengo que salir dejándome las mesas hecha unos zorros con 4 moscas revoloteando sobre los trozos de bocadillos. Y en este tiempo, imagino que alguien habrá chupado algún juguete, otros habrán estornudados sin conocimiento alguno del protocolo, muchos rastrean las manos por los suelos, y luego a la boca y a los ojos y a sabe dios dónde.

Que hacemos lo que podemos.
Que 15 por aula facilita la prevención más que otras medidas profilácticas. Porque, entre otras cosas, la mayor prevención es mantener un estado de bienestar y equilibrio que favorezca el sistema inmunológico del alumnado, y en aulas masificadas se producen angustias y nervios que bajan las defensas del organismo. No es tan grave toparse con el virus como no poder combatirlo.
Un beso a todo el mundo, sin miedo. Los besos aumentan las defensas del organismo.


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