martes, 23 de agosto de 2016

Educación sexual en la clase de Religión

El Vaticano publica materiales en cinco idiomas para reforzar en los colegios católicos la educación afectivo-sexual.

El proyecto fue promovido por la Conferencia Episcopal Española

¿Sexo o sexualidad? ¿Relaciones o ligues? ¿La libertad es tener derecho a hacer cualquier cosa? ¿Cómo sé que es un amor verdadero? ¿Por qué es importante la castidad? Son algunas de las preguntas que plantea y ayuda a responder a los adolescentes de 12 a 16 años las unidades didácticas de educación afectivo-sexual que el Vaticano acaba de poner a disposición de padres, parroquias y colegios católicos. Una propuesta que pretende dejar atrás el tabú del sexo y afrontar las carencias y lagunas que existen en la formación afectivo-sexual de nuestros jóvenes.

Los materiales, elaborados por un grupo de matrimonios a instancias de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española (CEE), están adaptados al proyecto curricular de la asignatura de Religión en la ESO en nuestro país, aunque también pueden ser empleados en la catequesis parroquial, educación en la fe de adolescentes y jóvenes o para la preparación al sacramento de la confirmación. La familia también es destinataria de esta herramienta que, según explica el obispo de Bilbao, Mario Iceta, «les permita llevar adelante esta tarea preciosa de capacitar a sus hijos para que vivan en plenitud su vocación al amor». Es por todo esto que el Vaticano decidió hacerlos suyos y proponerlos a toda la Iglesia en cinco idiomas a través de la página web del Pontificio Consejo para la familia.

Se habló de ellos en el Encuentro Mundial de las Familias de Filadelfia de hace un año y también se abordaron en la JMJ de Cracovia de la mano del subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia, el español Carlos Simón. Para él, de entre las «numerosas y sobresalientes» novedades que este proyecto presenta destaca dos: la atención al joven y la atención particular al educador o docente. «En efecto, toda una articulación interna pedagógica impregnada por el diálogo docente-alumno se presentaba como una de las riquezas de este proyecto capaces de ser valoradas en las diferentes etapas de la vida de los jóvenes».

La obra se titula «El lugar del encuentro», está dividida en seis unidades y utiliza el símil de la construcción de una tienda, «donde lo importante son los cimientos, donde colocamos la tienda». A lo largo de este camino, se busca que los jóvenes se conozcan a sí mismos, aprendan a reconocer que la sexualidad habla de la diferencia entre hombre y mujer, reflexionen sobre la libertad, reconozcan el mal uso de la libertad o el pecado, reconozcan la dimensión moral como algo constitutivo de la persona, así como los secretos del amor verdadero.

Una de las cuestiones sobre las que más insiste la obra es la afirmación de que «la sexualidad es mucho más que sexo». De hecho, explica que «una forma inadecuada de entender y vivir la sexualidad es la que nos lleva a entender que el sexo es la realización de prácticas o actividades reduciendo la sexualidad a la mera genitalidad, encerrándonos en el egoísmo individual, utilizando al otro en la búsqueda del placer personal». Es éste uno de los principales problemas que acusa la sociedad actual, tal y como sostiene monseñor Iceta, que considera que la formación que se ofrece en este sentido a los jóvenes se limita a cuestiones prácticas y olvida la dimensión antropológica. Para la Iglesia, las relaciones sexuales «son una forma de comunicación profunda donde se entrega la totalidad de la persona; una entrega que se caracteriza por ser exclusiva, fiel y fecunda».

La guía no obvia la cuestión de la atracción sexual, que tiene que ir madurando hasta llegar, si fuera el caso, al amor matrimonial. En este contexto, propone a los jóvenes descubran las diferencias entre relaciones y ligues o analice las expresiones «rollito» y «tirarse a alguien», que «quedan muy lejos de establecer relaciones verdaderamente personales, situándose en relaciones que terminan cosificando al otros». Así, la sexualidad quedaría reducida a objeto de placer y de consumo, algo que los materiales consideran síntoma «de inmadurez en el amor». «Una vida sexual desintegrada no favorece esta maduración;: induce la confusión entre desear y amar. La dimensión sexual del amor necesita ser gobernada por otras dimensiones del amor para no suscitar hartazgos, necesidades de cambio...», se puede leer en el plan de contenidos.

La propuesta de la Iglesia, que aparece claramente en estos materiales, aunque adaptada para adolescentes pretende mostrar «el valor de las cosas y el orden», así como las consecuencias de «vivir desordenadamente y desintegrados en una libertad esclava». En este sentido, se aborda el narcisismo y el autoerotismo o la masturbación: «Se desvirtúa el sentido humano de la sexualidad, considerando el cuerpo como objeto de placer y no como sujeto de amor». Son cuestiones que tienen mucho que ver, según la obra, con las distintas propuestas que existen en la sociedad actual y que son el pansexualismo –«reduce la sexualidad a la genitalidad y el sexo a un puro objeto de consumo»–, el hedonismo –«doctrina que proclama el placer como fin supremo de la vida»– y el intento de supresión del sentimiento de pudor. El antídoto es la castidad, «la virtud a la que compete la ordenación e integración de los deseos, la pulsión sexual y los afectos para dirigirlos al bien de la persona amada».

Después de conocer el yo y el tú, el modo de relacionarse o los problemas del crecimiento afectivo, el último paso del itinerario tiene que ver con descubrir el amor como vocación personal. «Los jóvenes reconocerán el amor como un camino con sus etapas y que no deben tener prisa en llegar a la meta. Lo importante es llegar, sin saltarse ningún tramo del camino y reconocer el amor verdadero», explica la guía. Así, se abordan las distintas fases del amor, se dan pistas para conocer el verdadero o se explica para qué sirve el noviazgo y lo que implica el matrimonio. En esta disección del amor, los alumnos reconocerán las distintas etapas del amor y las elecciones que implica: el amigo, el novio y el matrimonio. Y obtendrán herramientas para reconocer un amor verdadero, que no es otro que «el que hace crecer, abre a los demás, saca lo mejor de uno, acompaña, valora, respeta, da estabilidad y autoestima, da fortaleza, hace feliz, llena...».

Realizada la elección, llega el noviazgo. Los temas sobre los que insisten los materiales son las relaciones patrimoniales y la castidad. Sobre la primera, afirma lo siguiente: «La gran confusión nace de no saber esperar, de no distinguir la verdadera entrega de la prueba sexual. Las relaciones prematrimoniales son un amor viciado. La proliferación de esta tipo de matrimonio no ha hecho más estables a los matrimonios, pues no nacen de la entrega incondicional». De la segunda dice que es la manera de «integrar las tendencias somáticas y afectivas», lo que no significa «represión del instinto o del afecto por la continencia o ausencia de relaciones sexuales o afectivas. Se trata más bien de ordenar, reconducir, integrar los instintos y afectos en el amor a la persona».

Al final de este recorrido aparece el amor conyugal entre hombre y mujer, «el arquetipo por excelencia», un amor «plenamente humano y total, fiel y exclusivo y fecundo, es decir, abierto a la vida». El fin es que los jóvenes descubran la belleza del matrimonio y de la familia como un proyecto de Dios.

Fuente: http://www.larazon.es/movil/sociedad/hablemos-de-sexo-en-la-clase-de-religion-NH13368674

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