viernes, 27 de noviembre de 2015

Ciudadanos evita mojarse sobre un tema crucial como las clases de Religión

Jaime Urcelay analiza los silencios, ambigüedades e indeterminaciones de la propuesta educativa del programa electoral de Ciudadanos.
Tan sólo un 8,7% de los españoles sitúa la educación entre los tres principales problemas nacionales, según puede leerse en el último barómetro del CIS. Pese a ello, cualquier análisis sereno de nuestra realidad conduce a que debiera tratarse de una de las grandes prioridades para España.
Es importante por ello anticipar lo que puede ocurrir con la educación después de las próximas elecciones generales, para lo cual conocemos ya los planteamientos y la dinámica más o menos previsible de los dos partidos hasta ahora hegemónicos. Las incertidumbres llegan más bien de la mano de Ciudadanos, cuya emergencia con un significativo respaldo electoral parece a estas alturas poco discutible.
Su propuesta educativa se encuentra explicitada en la parte cuarta del documento “El cambio sensato”, expuesta públicamente por Albert Rivera y Luis Garicano el pasado 27 de julio. El líder de Ciudadanos condicionó entonces su apoyo postelectoral a cualquier otra formación política a la aceptación de este programa educativo, calificado como “prioridad máxima”.
¿Qué es lo más significativo del programa educativo de Ciudadanos?
Su lectura a fondo lleva a un panorama de luces y sombras, tónica común de la propuesta cultural del partido de Rivera. Veámoslo.

Aciertos, silencios y ambigüedades del programa

A mi juicio y resumiendo mucho, entre las luces habría que destacar un diagnóstico correcto, en términos generales, de buena parte de los problemas del actual modelo educativo; un inventario acertado de medidas técnicas para un Pacto Nacional por la Educación, no muy diferentes de lo mejor del camino emprendido por el PP con la LOMCE; y una positiva huida del “chapapote” ideológico en el que la izquierda lleva tiempo insistiendo.
Ciudadanos evita mojarse sobre temas cruciales como la libre elección de centro educativo o las clases de religión
Las sombras del programa tienen que ver sobre todo con los silencios, las ambigüedades y las indeterminaciones. Y es que, aparte de las llamativas omisiones sobre algunos de los “cómos” de sus propuestas, Ciudadanos evita deliberadamente “mojarse” ahora sobre temas cruciales que, nos guste o no, es previsible que se planteen en la próxima legislatura.
Silencio hay respecto a la responsabilidad primera de los padres en la educación de sus hijos, un principio básico que supone muchísimo más que la postulada implicación activa de aquellos en los centros -aunque la incluya-, o que la problemática de los diferentes niveles socio-culturales y su influencia en el éxito escolar de los alumnos.
Un silencio inquietante hay también sobre la doble red escolar, el lugar de la iniciativa social en la creación y gestión de centros educativos, la fórmula de financiación de la enseñanza y el futuro del actual sistema de conciertos.
Y ambigüedad e imprecisión pueden apreciarse sobre la libre elección de centro educativo -para la cual, además, parecen no contar el tema del Ideario y las preferencia educativas de las familias-, o sobre el futuro de las clases de religión que, como con toda razón afirma el programa de Ciudadanos, no debiera ser un problema central en el debate sobre la educación en España pero que, por el machacón sectarismo de algunos, no deja de ser relevante.

La asignatura de religión a la deriva

Por lo apuntado y conocida la totalitaria y anticonstitucional pretensión del PSOE, IU y Podemos de imponer la expulsión la religión de los centros escolares, merece la pena que, para terminar esta breve valoración del programa educativo de Ciudadanos, nos detengamos un momento en su ambigua postura respecto de las clases de religión.
Ciudadanos propone una asignatura en la que se estudie la historia de las religiones
Esta es su propuesta: “(…) desde Ciudadanos reconocemos la importancia del fenómeno religioso y rechazamos que el debate sobre educación en España se centre en la elección entre ciudadanía y religión. Desde la premisa básica de la laicidad, proponemos que ese conocimiento puede incorporarse al acervo cultural de los estudiantes a través de una asignatura cuyo objeto sea el estudio de la historia de las religiones”.
Bien está el reconocimiento explícito de la importancia del fenómeno religioso, cabe suponer que por su positiva aportación al desarrollo humano o la convivencia y no solamente por su evidencia “socioestadística”. Y bien está la premisa de la laicidad, siempre que no se confunda con el laicismo. Pero una nueva asignatura de historia de las religiones, que es posiblemente una buena alternativa o un buen añadido a la voluntaria asignatura confesional, no puede sustituir a ésta sin destruir libertades básicas de padres y alumnos.
Fuente: http://www.actuall.com/criterios/educacion/la-propuesta-educativa-de-ciudadanos/

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