miércoles, 24 de junio de 2015

Merece la pena leerlo

El Papa da un paso muy importante al tratar los matrimonios rotos y los divorciados.
Daniel Harillo García, comparte la información que ha localizado en Aleteia, Zenit  y el último es Romanva- Lo más importante se repite pero les dan enfoques distintos.

1.- Aleteia

Papa Francisco: “Cuando los padres se hacen daño, el alma de los niños sufre”

En su catequesis habla de las heridas que se abren dentro de la convivencia familiar

El Papa Francisco, en su habitual audiencia general de los miércoles, habló de las heridas en la convivencia familiar y cómo esas heridas repercuten en los niños. Habló de “profundas laceraciones” y alertó del peligro de palabras, acciones y omisiones (dentro de la familia) que, en vez de expresar amor se convierten en una burla de él.

Sobre los niños y sobre cómo viven estas situaciones, el Papa Francisco quiso detenerse: “Cuanto más se intenta compensar con regalos y dulces, más se pierde el sentido de las lesiones, la más dolorosas y profunda alma”

“Cuando los adultos pierden la cabeza, cuando todo el mundo piensa a sí mismo, cuando papá y mamá están lastimados, el alma de los niños sufre mucho, se trata de un sentimiento de desesperanza”, afirmó el Papa, que destacó que en la familia todo está conectado: “la infección afecta a todos”.

“Marido y mujer son una sola carne”, afirmó el Papa Francisco que recordó la “pesada responsabilidad de resguardar el vínculo marital que inicia la familia humana”.

“Es cierto, por otra parte, hay casos donde la separación es inevitable”, afirmó el obispo de Roma, consciente de que “a veces puede ser incluso moralmente necesario, cuando en realidad está restando el cónyuge más débil, o los niños, las heridas más graves causados por la arrogancia y la violencia, el quebrantamiento y la explotación, alienación e indiferencia”.

No obstante, doy gracias a Dios por quienes declaran su lealtad y se apoyan en la fe y el amor por sus hijos y terminó hablando de las familias que viven “en supuesta situación irregular”.

“¿Cómo ayudar? ¿Cómo acompañarlos? Pidamos al Señor gran fe, para ver la realidad con los ojos de Dios; y una gran caridad para mostrar a la gente su corazón misericordioso”, se preguntó el Papa Francisco, en lo que puede ser una de las líneas maestras del próximo Sínodo de la Familia.

Saludo del Papa en Español:

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy reflexionamos sobre las heridas que se producen en la misma convivencia familiar. Se trata de palabras, acciones y omisiones que, en vez de expresar amor, hieren los afectos más queridos, provocando profundas divisiones entre sus miembros, sobre todo entre el marido y la mujer.

Si estas heridas no se curan a tiempo se agravan y se transforman en resentimiento y hostilidad, que recae sobre los hijos. Cuando los adultos pierden la cabeza y cada uno piensa en sí mismo; cuando los padres se hacen daño, el alma de los niños sufre marcándolos profundamente.

En la familia todo está entrelazado. Los esposos son “una sola carne”, de tal manera que todas las heridas y abandonos afectan a la carne viva que son sus hijos. Así se entienden las palabras de Jesús sobre la grave responsabilidad de custodiar el vínculo conyugal, que da origen a la familia. En algunos casos, la separación es inevitable, precisamente para proteger al cónyuge más débil o a los hijos pequeños. Pero no faltan los casos en que los esposos, por la fe y el amor a los hijos, siguen dando testimonio de su fidelidad al vínculo en el que han creído.



2.- Zenit

Texto completo de la catequesis del papa Francisco en la audiencia del miércoles 24 de junio

¿Somos conscientes del peso que tienen nuestras opciones en el alma de los niños?, porque las heridas les marcan para siempre. Sanarlas apenas se producen y no dejarlas agravar

Ciudad del Vaticano, (ZENIT.org) Staff Reporter | 1170 hits

"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
en las últimas catequesis hemos hablado de la familia que vive la fragilidad de las condición humana, la pobreza, las enfermedades, la muerte. Hoy sin embargo reflexionamos sobre las heridas que se abren precisamente dentro de la convivencia familiar. Cuando, en la familia nos hacemos mal. ¡Lo más feo!
Sabemos bien que en ninguna historia familiar faltan momentos en los cuales, la intimidad de los afectos más queridos son ofendidos por el comportamiento de sus miembros. Palabras y acciones (¡y omisiones!) que, en vez de expresar el amor, lo sustraen o, peor aún, lo mortifican. Cuando estas heridas, que son aún remediables, se descuidan, se agravan: se transforman en prepotencia, hostilidad, desprecio. Y a ese punto se pueden convertir en heridas profundas, que dividen al marido y la mujer, e inducen a buscar en otra parte comprensión, apoyo y consolación. ¡Pero a menudo estos “apoyos” no piensan en el bien de la familia!
El vacío de amor conyugal difunde resentimientos en las relaciones. Y a menudo la disgregación se trasmite a los niños.
Esto es, los hijos. Quisiera detenerme un poco en este punto. A pesar de nuestra sensibilidad aparentemente evolucionada, y todos nuestros análisis psicológicos refinados, me pregunto si no nos hemos anestesiado también respecto a las heridas en el alma de los niños. Cuanto más se trata de compensar con regalos y pasteles, más se pierde el sentido de las heridas --más dolorosas y profundas-- del alma. Se habla mucho de trastornos del comportamiento, de salud psíquica, de bienestar del niño, de ansiedad de los padres y de los niños… ¿Pero sabemos qué es una herida del alma? ¿Sentimos el peso de la montaña que aplasta el alma de un niño, en las familias en las que se trata mal y se hace mal, hasta romper la unión de la fidelidad conyungal? ¿Qué peso tienen nuestras elecciones --elecciones a menudo erróneas-- en el alma de los niños?
Cuándo los adultos pierden la cabeza, cuando cada uno piensa a sí mismo, cuando papá y mamá se hacen daño, el alma de los niños sufre mucho, siente desesperación. Y son heridas que dejan marca para toda la vida.
En la familia todo está entrelazado: cuando su alma está herida en algún punto, la infección contagia a todos. Y cuando un hombre y una mujer, que se han comprometido a ser “una sola carne” y a formar una familia, piensa obsesivamente en las propias exigencias de libertad y de gratificación, esta distorsión afecta profundamente el corazón y la vida de los hijos. Tantas veces los niños se esconden para llorar solos…Debemos entender bien esto. Marido y mujer son una sola carne. Pero sus criaturas son carne de su carne. Si pensamos en la dureza con la que Jesús advierte a los adultos sobre no escandalizar a los pequeños --hemos escuchado el fragmento del Evangelio-- podemos comprender mejor también su palabra sobre la grave responsabilidad de custodiar la unión conyugal que da inicio a la familia humana. Cuando el hombre y la mujer se convierten en una sola carne, todas las heridas y todos los abandonos del papá y de la mamá inciden en la carne viva de los hijos.
Es verdad, por otra parte, que hay casos en los que la separación es inevitable. A veces se puede convertir incluso en moralmente necesaria, cuando se trata precisamente para proteger al cónyuge más débil, o a los hijos pequeños, de las heridas más graves causadas por la prepotencia y la violencia, del enfado o del aprovecharse, de la alienación y de la indiferencia.
No faltan, gracias a Dios, aquellos que, sostenidos por la fe y el amor por los hijos, testimonian su fidelidad y una unión en la cuál han creído, en cuanto aparece imposible hacerlo revivir. No todos los separados, sin embargo, sienten esta vocación. No todos reconocen, en la soledad, una llamada del Señor dirigida a ellos. En torno a nosotros encontramos familias en situaciones llamadas irregulares. A mí no me gusta esta palabra. Y nos planteamos muchos interrogantes. ¿Cómo ayudarlas? ¿Cómo acompañarlas? ¿Cómo acompañarlas para que los niños no se vuelvan rehenes del papá o de la mamá?
Pidamos al Señor una fe grande, para mirar la realidad con la mirada de Dios; y una gran caridad, para acercarse las personas con su corazón misericordioso.
Texto traducido desde el audio, por ZENIT 


3.- ROMANVA


Papa a las parejas: No mezcléis a los niños en vuestras peleas

Como nos tiene acostumbrados, antes de comenzar su audiencia general, el Papa Francisco recorrió la plaza de San Pedro en papamóvil, saludando a la multitud y bendiciendo los niños.

Luego en su catequesis, el Papa habló de los problemas que surgen en la vida matrimonial normal: dolor y malentendidos fruto de palabras, acciones u omisiones que no se han corregido a tiempo.

FRANCISCO
"Cuando las heridas que se pueden resolver son descuidadas, se agravan. Se transforman en prepotencia, hostilidad, desprecio. A ese punto pueden convertirse en heridas profundas entre marido y mujer”.

El Papa también habló de los hijos. Dijo que cuando la pareja se deja llevar por un enfado, éste  se convierte en odio y división y hace sufrir a los niños

FRANCISCO
"Cuando los adultos pierden la cabeza, cuando piensan sólo en sí mismos, cuando papá y mamá se insultan, el alma de los niños sufre mucho. Se desespera, y son heridas que dejan una cicatriz para toda la vida”. 

El Papa también agregó que los padres no pueden comprar el afecto de sus hijos o compensar sus palabras hirientes con regalos.

FRANCISCO
"Cuando un hombre y una mujer se comprometen a ser una sola carne y a formar una familia, y piensan obsesivamente en sus propias exigencias de libertad y gratificación, esta distorsión hiere profundamente el corazón y la vida de los hijos”. 

A pocos meses del Sínodo sobre la Familia que comenzará en octubre, el Papa también pidió a la Iglesia que reflexione sobre cómo acompañar mejor a quienes atraviesan las llamadas "situaciones irregulares”, como por ejemplo a personas divorciadas que se han vuelto a casar.

RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA EN ESPAÑOL

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy reflexionamos sobre las heridas que se producen en la misma convivencia familiar. Se trata de palabras, acciones y omisiones que, en vez de expresar amor, hieren los afectos más queridos, provocando profundas divisiones entre sus miembros, sobre todo entre el marido y la mujer. 

Si estas heridas no se curan a tiempo se agravan y se transforman en resentimiento y hostilidad, que recae sobre los hijos. Cuando los adultos pierden la cabeza y cada uno piensa en sí mismo; cuando los padres se hacen daño, el alma de los niños sufre marcándolos profundamente. 

En la familia todo está entrelazado. Los esposos son "una sola carne”, de tal manera que todas las heridas y abandonos afectan a la carne viva que son sus hijos. 

Así se entienden las palabras de Jesús sobre la grave responsabilidad de custodiar el vínculo conyugal, que da origen a la familia. En algunos casos, la separación es inevitable, precisamente para proteger al cónyuge más débil o a los hijos pequeños. Pero no faltan los casos en que los esposos, por la fe y el amor a los hijos, siguen dando testimonio de su fidelidad al vínculo en el que han creído.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Pidamos a la Virgen María que interceda por nuestras familias, especialmente por los que pasan por dificultades, para que sepan superar y sanar siempre las heridas que causan división y amargura. Muchas gracias y que Dios los bendiga.

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