martes, 19 de mayo de 2015

La cifra de alumnos que cursan Religión cae un 6% en cinco años


Los últimos datos oficiales de la Diócesis de Burgos acerca del número de alumnos que optan por cursar Religión en el colegio corroboran la tendencia de los últimos años, en los que poco a poco se ha acumulado una caída de un 6% al pasar de los 31.453 alumnos matriculados en esta materia en el curso 2009/2010  a los 29.598 que están ahora. No es una reducción espectacular, pero evidencia que cada vez son más las familias que consideran que la religión es un asunto a tratar fuera del ámbito escolar y especialmente en aquellas que confían en la enseñanza pública. En este colectivo, ya son menos del 60% los menores que escogen esta opción o, lo que es lo mismo, no se llega a la ratio de seis de cada diez. En los concertados, en cambio, sigue rondando el 100%. En total, la cursan un 72,4% de los escolares de la provincia.
La responsable de la Delegación Diocesana de Enseñanza, Manuela García, no esconde que se ha vuelto a acumular una bajada, pero destaca que siguen siendo mayoría los escolares que incluyen la Religión en sus currículos. Al menos, así lo explica en una nota oficial publicada en la web de la Diócesis. «Son tres de cada cuatro», dice, recalcando que de los 40.841 niños y jóvenes matriculados entre Infantil y 1º de Bachillerato (en 2º no se imparte esta asignatura, ni tampoco en la FP) son 29.598 quienes asisten a estas clases. 
Pero García tampoco niega que la tendencia a la baja es indiscutible y considera que hay varias  causas. La primera, el fenómeno que la Iglesia ha denominado «creciente secularización de la sociedad». El secretario y portavoz de la Conferencia Episcopal española, José María Gil Tamayo, afirmaba hace pocos días que los obispos están preocupados por lo que consideran una «pérdida de sensibilidad» de los padres hacia la formación religiosa de sus hijos, pero también porque, como reveló la Cadena Ser, ya haya seis comunidades con colegios en los que la falta de demanda imposibilita que se imparta la asignatura. Algo que, sin decirlo directamente, Gil Tamayo cree que puede deberse a una falta de información o incluso a dificultades a la hora de realizar la elección.
Y aquí entra la siguiente de las causas a las que alude Manuela García. La ley Wert introdujo en el programa educativo las asignaturas Valores Culturales y Sociales en la etapa de Primaria y Valores Éticos en Secundaria. «La asignatura de Religión tiene una alternativa seria y algunos padres que buscaban ese matiz más que lo que representa la religión en sí, al encontrarse con que la asignatura de Valores sí es evaluable, algunos han cambiado a los niños por ese motivo». Hace tiempo que la Iglesia alertó de que la nueva legislación educativa iba a repercutir en la «secularización» de la sociedad y bien porque se tiende a un mayor laicismo o bien porque se cree que lo religioso debe permanecer en el ámbito privado, lo cierto es que el alumnado va a menos.
bachillerato. El porcentaje de escolares que siguen confiando en la importancia de la religión en el ámbito escolar se concentra, como es lógico, en los colegios concertados. Es de suponer que si se elige un centro educativo gestionado por una congregación católica es porque se comparten los mismos principios y creencias. Y de ahí que a nadie sorprenda que solo el 1,97% del alumnado se incline por la materia de Valores.
Otra cosa son los colegios e institutos públicos, en los que son el 42,74% de los escolares los que se inclinan por la otra posibilidad. Una actitud directamente proporcional a la edad de los escolares: a medida que crecen y maduran, renuncian a esta asignatura. Así, en el primer ciclo de la Secundaria (12, 13 y 14 años) están matriculados el 40,47%; un porcentaje que se reduce a 33,67% en el segundo ciclo de la Secundaria (14, 15 y 16 años) y a 24,02 en 1º de Bachillerato (17 años). En el segundo curso de este ciclo (antiguo COU) no se imparte.
Por lo tanto, sigue siendo en la etapa de Primaria en la que se concentra buena parte del alumnado. Una circunstancia que Manuela García atribuye a que «la religión forma parte de la vida del niño: la primera comunión, la catequesis… La vida gira en torno al tema religioso y para él es importante, pero también para los padres. Después, tal vez por una mala información, se le quita importancia. No ven la necesidad de que a lo largo de la vida del niño como estudiante tenga continuamente un contraste entre las demás asignaturas y la religión. Es decir, que estudie la religión como un diálogo necesario entre la fe y la cultura», concluye García.

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