lunes, 15 de diciembre de 2014

El Gobierno implanta la Religión Islámica en Educación Primaria

José Javier Esparza
Alá es el Dios Único, Eterno e Incomparable. El Corán es el libro sagrado de Dios. Mahoma, el Profeta, es el ejemplo a seguir. Pero se habla de “igualdad de género” y “educación para la paz”.
El Boletín Oficial del Estado daba a conocer el pasado jueves la Resolución de 26 de noviembre de 2014, de la Dirección General de Evaluación y Formación Profesional, por la que se publica el currículo del área Enseñanza Religión Islámica de la Educación Primaria. El texto del Gobierno, redactado por la Comisión Islámica de España, prescribe los contenidos básicos de la asignatura. Uno, el conocimiento de Al-lah (Dios), Único, Eterno e Incomparable. Dos, la Revelación: El Corán, libro sagrado de Dios, Tres, el Profeta: vida, obra y ejemplo a seguir. Añade el texto gubernamental que se trata de “trabajar la fe islámica desde sus fuentes básicas, el Corán junto con su práctica llevada por el profeta Muhammad (P.B.) como receptor y modelo de la revelación de Dios, apreciar la importancia de la creación divina, conociendo la sucesión de los mensajes divinos”. Esa abreviatura, P.B., significa “paz y bendiciones” y es el saludo específico que ha de tributarse a Mahoma cada vez que se le cita.

Un texto confesional

La lectura de la disposición gubernamental sorprende por su confesionalidad, ciertamente inusual en un texto administrativo. Por ejemplo, cuando habla de “conocer y arraigar la fe en Al-lah, Creador del Universo, de todos los seres vivos y Único Dios adorado” o “conocer a Muhammad (P.B.), profeta de Dios y el último de los mensajeros, así como valorar la importancia de sus dichos y hechos como modelo a seguir”. Ocurre que el currículo de la asignatura no ha sido redactado por el Ministerio de José Ignacio Wert, sino que se limita a transcribir la propuesta de la Comisión Islámica de España. Una vieja ley del año 1992 “garantiza a los alumnos musulmanes, a sus padres y a los órganos escolares de gobierno que soliciten, el ejercicio del derecho de los primeros a recibir Enseñanza Religiosa Islámica en los centros docentes públicos y privados concertados, siempre que, en cuanto a estos últimos, el ejercicio de aquel derecho no entre en contradicción con el carácter propio del centro”. Más adelante, en 2006, en tiempos de Zapatero, cuando la religión católica se puso al nivel de cualesquiera otras confesiones, se decidió que “la determinación del currículo y de los estándares de aprendizaje evaluables que permitan la comprobación del logro de los objetivos y adquisición de las competencias correspondientes a la asignatura Religión será competencia de las respectivas autoridades religiosas. Las decisiones sobre utilización de libros de texto y materiales didácticos y, en su caso, la supervisión y aprobación de los mismos corresponden a las autoridades religiosas respectivas, de conformidad con lo establecido en los Acuerdos suscritos con el Estado español”.
Fuentes oficiosas del Ministerio de Educación explican a gaceta.es que el objetivo del currículo de Religión Islámica es controlar las enseñanzas que la comunidad islámica imparte a sus miembros, un propósito que comparte la propia Comisión Islámica de España. No se dice, pero se sobreentiende que unos y otros andan preocupados por la proliferación de predicadores fundamentalistas al margen de los canales oficiales. El propio texto gubernamental viene a reconocerlo cuando explica que “el reto que se le presenta en la actualidad al área de Religión Islámica (…) es que los niños y niñas traen noticas al aula, acuden con informaciones, saben y se comportan siguiendo valores y normas entendiendo ellos que conforman su idea de Islam; debido en gran parte a la información y difusión que conocen a través de los medios, el seno familiar, el grupo de iguales y el propio entorno sobre su religión. Ahora bien, estos saberes con los que llegan no siempre son correctos, son preconceptos, prejuicios, concepciones erróneas, conocimientos distorsionados e imprecisos, compartidos entre ellos y con una fuerte carga emotiva”.

Cuadratura del círculo

Frente a esos “prejuicios”, el currículo de Religión Islámica prescribe “la indagación, iniciativa personal, búsqueda de información, la moderación en el culto, el consenso, la consulta, la interpretación correcta de textos, la crítica, el correcto tratamiento y la utilización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, relativas al Islam”. Su objetivo es “construir en el alumnado, progresivamente, tanto la identidad propia y afín a sus creencias, a la vez respetuosa con la diferencia”. En suma: compatibilizar la ortodoxia musulmana con la convivencia en una sociedad democrática.
El resultado es un currículo que mantiene la ortodoxia religiosa pero la trufa de consideraciones sociológicas modernas. Así, por ejemplo, se mantiene el exclusivismo tradicional del islam: “conocer y arraigar la fe en Al-lah, Creador del Universo, de todos los seres vivos y Único Dios adorado”, “reconocer el Corán como palabra de Dios revelada al Profeta Muhammad”, “leer, recitar y memorizar diferentes fragmentos del Corán, profundizar en su estudio para comprender mejor su significado, lenguaje y, en último término, la palabra de Dios”, “reconocer la importancia de los profetas, la sucesión de sus mensajes sagrados, de sus enseñanzas, la hermandad entre todos ellos y sus aportaciones al Islam”, “conocer a Muhammad (P.B.), profeta de Dios y el último de los mensajeros, así como valorar la importancia de sus dichos y hechos como modelo a seguir”, “descubrir los valores básicos del Islam y ponerlos como guía de los comportamientos individuales y sociales”, etc. Pero, al mismo tiempo, se indican orientaciones de carácter tolerante: “valorar y apreciar la importancia de la Creación y reconocer en el mundo natural la acción y atributos de Dios”, “apreciar el valor de la vida humana como don de Dios y derecho a su existencia”, “utilizar los valores y actitudes del Islam como medio de acercamiento a las distintas culturas, religiones y sociedades, resolver los conflictos de forma pacífica y lograr una mejor convivencia”, “conocer las aportaciones de hombres y mujeres, valorándolas por igual, para un desarrollo efectivo y común de ambos”, “fomentar actitudes de igualdad y participación, valores y normas, dirigidas a la no discriminación y la no violencia en todas sus manifestaciones”… Un buen ejemplo de esta cuadratura del círculo es el punto 14 de las indicaciones generales del currículo, que por un lado prescribe “acercar a los niños y niñas a la jurisprudencia islámica” y simultáneamente propone “desarrollar el uso de la libertad religiosa”.
Significativamente, el currículo aportado por la Comisión Islámica y oficializado por el Gobierno habla de tolerancia, diálogo interreligioso, respeto a los cristianos, igualdad de género y educación para la paz, pero no dice una palabra sobre el carácter aconfesional del Estado y, al contrario, mantiene la noción de “nación islámica”. Asimismo, reivindica la huella histórica del islam en España, extinguida hace casi medio milenio, como parte de la identidad de los musulmanes contemporáneos.
Según datos de la propia comunidad islámica, fechados a finales de 2013, en el territorio español viven 1.703.529 musulmanes, la mayoría de los cuales posee nacionalidad marroquí (783.137 personas). El segundo grupo lo componen españoles conversos o inmigrantes que han adquirido la nacionalidad española. Después, y por este orden, pakistaníes –afincados fundamentalmente en Cataluña-, senegaleses y argelinos. La comunidad con mayor presencia musulmana es Cataluña: 448.879, por delante de Andalucía con 266.421 personas y de Madrid con 249.643. En conjunto, los musulmanes representan el 3 por ciento de la población en España; de ellos, el 30 por ciento posee la nacionalidad española.

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