viernes, 24 de octubre de 2014

San Benito, patrón de Europa

(Josep Miquel Bausset)- Fue el 24 de octubre de 1964 (mañana hará 50 años), cuando el papa Pablo VI, en el monasterio italiano de Montecassino, proclamaba a San Benito patrón de Europa, por medio de la Carta Apostólica, Pacis nuntius.
Benito, nacido en Nursia sobre el 480 y fallecido en Montecassino el 547, fue un hombre de Dios que recogió la herencia del monaquismo antiguo y lo adaptó a su tiempo, organizando así la vida monástica en Occidente.
Por medio de la cultura, la oración y el trabajo, San Benito puso los cimientos de la naciente Europa, dando lugar de esta manera a una nueva civilización. Fue con el libro, la cruz y el arado, que San Benito organizó los monasterios como espacios de cultura y de acogida, de oración, de fraternidad y de trabajo. Así, como ha dicho la madre Mª Assumpció Pifarré, Priora del monasterio de San Daniel de Girona, "La vida de la comunidad es un estímulo valioso para crecer en el amor a Cristo y a los hermanos. Es un servicio de gratuidad y de amor, es escuela de convivencia donde se construye, pacientemente, la vida fraterna, con luces y sombras, sufrimientos y alegrías, comunión y soledad".
Mañana hará 50 años que el papa Montini recordaba (, la importancia de la Abadía benedictina de Montecassino, "incomparable monumento de religión, de cultura, de arte, de civilización". El papa Pablo VI también destacaba la importancia de la vida monástica de esta manera: "La Iglesia tiene necesidad todavía hoy de esta forma de vida religiosa, y el mundo también tiene necesidad". Y es que según Pablo VI, en medio de un mundo sediento, "es esta sed de auténtica vida personal, lo que conserva actual el ideal monástico".
Para el papa Pablo VI, Europa era aun heredera de "las raíces cristianas que San Benito, de tantas maneras, le dio". Por eso el papa presentaba al santo abad como "mensajero de paz, realizador de unión, maestro de civilización, heraldo de la religión de Cristo y fundador de la vida monástica en Occidente".



Mañana hará 50 años que el papa Montini resaltaba la importancia de este padre de monjes en el nacimiento y en la humanización del viejo continente, y por eso, "perpetuamente constituimos y proclamamos a San Benito, Abad celestial, Patrón Principal de toda Europa".
50 años después del patronazgo de San Benito sobre Europa, sus enseñanzas son plenamente actuales. Como ha dicho el P. Josep Mª Soler, Abad de Montserrat, "en la Regla (que sintetiza su camino espiritual, su carisma en la Iglesia) y con su intercesión, San Benito continúa ofreciendo su sabiduría, no solo a los monjes, sino a todos los hombres y mujeres de hoy".
San Benito como patrón de Europa, y en pleno siglo XXI, nos "enseña a crear un clima de convivencia pacífica, basada en el respeto al otro y en la confianza en que las personas pueden mejorar", como ha dicho el P. Josep Mª Soler.
La vida monástica ha de transmitir unos valores humanos que hoy van desapareciendo, como el silencio, la pureza de corazón, la humildad, la sobriedad, la austeridad de vida, el saber compartir.... Por eso los monasterios han de ser escuelas de caridad y de fraternidad, lugares donde se cultive y se aprenda el arte del amor.
La vida fraterna nos permite hacer la experiencia de la comunión, mientras pasamos del "yo" al "nosotros" y de los "otros", a "los otros y yo", como ha dicho la madre Montserrat Viñas, Abadesa del monasterio de Sant Benet de Montserrat.
Y es que hoy y siempre, la Iglesia y la sociedad, como ha dicho Enzo Bianchi, tienen "necesidad de profecía, no de vaticinio; de ruptura, no de conformismo; de radicalidad, no de sectarismo". De aquí que el monacato sea una opción marcada por la diferencia que le viene del Evangelio y que hace posible una vida más humana, donde se intenta demostrar que lo imposible puede ser posible y que la esperanza crea vínculos de comunión y hace desaparecer los miedos.
Que San Benito nos ayude a hacer de la vieja Europa, y de cada monasterio, un lugar más humano, donde aprendamos a acogernos los unos a los otros sin recelos, sin desconfianzas ni suspicacias.
Ojalá San Benito afiance más y más la esperanza de todos los europeos, para así poder rehacer los caminos que la incomprensión ha roto. Siempre desde el diálogo, la solidaridad y el respete a la diversidad de los pueblos que forman nuestro viejo continente. Y que San Benito sea luz y guía en la reconstrucción de Europa.


 

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