viernes, 1 de agosto de 2014

La enseñanza religiosa hoy

El hecho religioso en el mundo es tan antiguo  como la humanidad y la cultura, entraña  unos saberes y experiencias que han tenido siempre sus manifestaciones en las costumbres, en el culto y en las artes, en la vida naciente y en la muerte. La religión no es reductible a un sentimiento ciego ni a un anhelo de eternidad frente a la caducidad de la vida; entraña la necesidad de inmortalidad y reclama una racionalidad y el empleo de la inteligencia,  busca la realidad fundamento de todo, de la vida y de la persistencia del mundo. El sentido de la vida solo pueden darlo las religiones y solamente aquella que incluye la victoria  sobre la muerte, se presenta ventajosamente. Hoy el universo es conocido cada vez mejor, descubrimos los mayores misterios y se convierte en la gran pregunta. No es razonable que a la religión se la excluya  o margine de la enseñanza, cuando es la que nos trasciende y apunta a lo que anhelamos y que es inaccesible a la ciencia y a la tecnología. Aumentan los recursos ecónomos, las ciencias y tecnologías; pero el problema de la humanidad, del hombre  y de  las crisis, no resuelven sin atender al  alma, a la conciencia moral y a la fe. Las Universidades nacieron de la Iglesia.

 La religión es como la argamasa que  traba y da consistencia a la sociedad y a las culturas. No se vive en soledad y tiene intimidad personal y una dimensión social; no es correcto marginar o rechazar su enseñanza, cuando es una clave de identidad y convivencia. En la Historia hay abundantes vestigios de religiones milenarias en todos los continentes habitables, con objetos, símbolos, lugares, montes y hasta ríos sagrados a los que acuden millones de personas, dando culto la divinidad y para  purificarse. En  el politeísmo y en el monoteísmo existieron sacrificios humanos, como en la América precolombina. El cristianismo que es una religión bimilenaria, parte del monoteísmo egipcio, de la revelación mosaica y de los profetas de Israel. Y aunque  los cristianos tenemos la Biblia, conjunto de libros sagrados e inspirados, el cristianismo no es una” religión del libro,” como el judaísmo y el Islam, es la religión  de Cristo encarnado, que es nuestra Ley y nos desvela a Dios Uno y Trino. Los Apóstoles sus testigos enviados  llevaron por todo el mundo la Palabra, el Bautismo las ideas de Redención, Liberación y Resurrección a todas las gentes. En Cristo culmina toda la creación que devuelve al hombre la dignificación y glorificación trascendentes, que la ciencia no puede alcanzar. Creados y llamados a ser hijos de Dios por adopción, la esencia de la religión cristiana, es el amor y servicio a Dios y a los demás.

           El Evangelio fue como la primera constitución europea. A la evangelización con la palabra,  la presencia y la sangre de los mártires, reconocido el cristianismo, siguió la destrucción de Roma. Pero a Europa hay que mirarla con los ojos de quienes la crearon. La revolución de San Benito no fue crear una cultura ni conservar el pasado, sino “buscar a Dios sobre todas las cosas, ir a lo esencial y crear una escuela del servicio divino” Su cometido: “orar, leer, copiar y estudiar los libros, la S. Escritura y obras de la cultura clásica de las escuelas destruidas” El monasterio fue el lugar de la primera ilustración, como una universidad del saber, sobre las ciencias, el hombre, la naturaleza y la historia, convirtiéndolas en sabiduría, y desplegadas con el “ora et labora.” Hoy el pragmatismo económico y tecnológico arrastran y al “olvido, al rechazo de Dios y a una apostasía silenciosa.”La religión parece irrelevante y aumenta su ignorancia. Pero si quitamos, borramos y desconocemos el patrimonio artístico que la Iglesia ha acumulado como expresión de la religiosidad. Y si no pensamos, ni enseñamos y desconocemos su sentido, entontecidos, degradamos el humanismo y la trascendencia de nuestra cultura.

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