domingo, 16 de febrero de 2014

Ideas claras sobre la laicidad

No es fácil el momento social que vivimos, ni el político, ni el económico. La globalización ha entrado de lleno en el mundo y una ola de problemas urgentes demandan soluciones también urgentes. Pero, en muchas ocasiones, ni llegan ni se les esperan. Y mientras tanto, los problemas se van convirtiendo en situaciones degradantes. Uno de los caballos de batalla, siempre a la espera para saltar al ruedo, es el de la laicidad. En unas sociedades plurales como las nuestras, a menudo se invoca la laicidad, no siempre con claridad de conceptos y de intenciones. Laicidad significa que las confesiones y el Estado están separados. Sin embargo, esta separación no es beligerante con las iglesias, al contrario, lo que de verdad se persigue es una sana cooperación al servicio de la persona. La laicidad es una manera que tienen los poderes públicos de configurarse como tales, ya que así se garantiza la identidad civil y de rebote la identidad religiosa de las iglesias y tradiciones religiosas, independientemente de las diferentes opciones políticas. Sin embargo, hay que evitar que la laicidad se convierta en laicismo. La libertad religiosa es un derecho de la persona y, en cambio, la laicidad es un principio de ordenamiento constitucional y ésta debe estar sometida a aquella y no al revés. La "Liga por la laicidad", por ejemplo, afirmaba que "el hecho religioso debe entenderse como un asunto que pertenece a la estricta esfera privada de los individuos y a la relación que éstos quieran mantener con sus respectivas comunidades de creencia". He aquí una visión reductiva de la religión. Se olvida que toda religión tiene una proyección social y quiere actuar en el ámbito público. En este sentido, son clarividentes e iluminadoras las palabras del Papa Francisco: "Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos". ¿Quién pretendería en cerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís o de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe --que nunca es cómoda e individualista-- implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra". (La alegría del evangelio , 183). La laicidad debe llegar a ser un valor como la justicia, la igualdad, la paz, la solidaridad y la libertad. Jamás estos valores han sido neutrales. Se piensa que la laicidad significa neutralidad de los poderes públicos hacia las religiones y eso es falso. Los derechos humanos no pueden ser neutrales, al contrario, deben potenciarse y ordenarse, porque están al servicio de las personas. Atrevámonos a pensar con claridad.
Fuente: http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/ideas-claras-laicidad_861166.html

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